“Convertirse en madre es como descubrir la existencia de una nueva habitación en la casa donde ya vives”, dijo alguien. La fotógrafa Anna Ogier-Bloomer se lanzó a retratar todos los rincones de esta nueva habitación en unas imágenes sin trampa ni cartón que dan idea de lo cansado y bello del empeño (“lo más duro que he hecho nunca”, afirma).

La fotógrafa con su madre.

El título de la serie es muy ilustrativo: Letdown, del juego de palabras decepción y secreción de leche en inglés (muchas fotos se centran en la lactancia). “Dar el pecho es una de las mayores alegrías de mi vida, pero a veces también era muy difícil”, dice. “Quería investigar la complejidad del trabajo más difícil y más importante que he hecho nunca. El acto físico de la maternidad empieza en la concepción y sigue evolucionando a lo largo de la vida del niño”.

Orinar y dar el pecho. No es la combinación ideal.

“Los primeros dos años de maternidad fueron un shock completo del sistema: un amor inconmensurable por otra persona y al mismo tiempo retos totalmente inesperados”, cuenta Ogier-Bloomer. “Una sabia amiga me dijo que en lo que se refiere a bebés, la única constante es el cambio. Tenía toda la razón. En un momento pensábamos que por fin nos habíamos adaptado al reto y, de la noche a la mañana, nuestra hija se transformaba en una persona nueva, con nuevas necesidades, nuevos intereses y nuevas tendencias”.

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Ogier-Bloomer espera que las madres que vean sus fotos se sientan menos solas y ayudar a que se normalice el amamantamiento. Algo parecido es lo que pretende el proyecto A Beautiful Body (Un cuerpo bonito) con los retratos de más de 50 madres que posan de forma voluntaria. “Avergonzar a las madres por no volver al estado anterior después del parto puede causar sentimientos de fracaso cuando ser madre ya es lo suficientemente difícil y cuando un gran número de nosotras ha vivido ya una vida de sentirse poco bella antes de dar a luz”, señalaba Jade Beall , su autora.

Beall es una fotógrafa de Arizona a la que le costó quitarse de encima los más de 25 kilos que engordó tras dar a luz. “Sabía que lo último que tenía que hacer era sentirme mal por mi cuerpo; es un honor ser madre y tuve un parto fácil”. Y, sin embargo, como tantas mujeres se sintió presionada y a disgusto con su cuerpo hasta que se dio cuenta de que tenía el tipo de físico que había deseado fotografiar en su impulso por ampliar el espectro para mostrar un rango mayor de imágenes (mayor que las que salen en los anuncios, esto es).

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“Es un gran paso para las mujeres que llegan a mi estudio mostrar sus cuerpos de esta manera porque es algo que nos han enseñado a ocultar”, dice Beall. “He llegado a estar fascinada con estas madres. Cada cuerpo tiene una historia y una forma diferente. Siento particular aprecio por las estrías: son como marcas tribales y cada una es diferente. Cuando se colocan delante de mi cámara, la mayoría de las veces los ojos se me llenan de lágrimas”.

Yo no tuve una fotógrafa como Beall (ya me hubiera gustado) pero esta es mi aportación al asunto con mi bebé de pocas semanas en brazos.