Si est√°s a punto de iniciar una de esas ‚Äúdietas milagro‚ÄĚ con el comienzo del curso para quitarte de encima los michelines del verano, contin√ļa leyendo. Un nuevo estudio recuerda que, como ocurre con la f√°bula de la liebre y la tortuga, m√°s vale ir lento pero seguro que a toda prisa cuando se trata de perder peso.

La c√©lebre f√°bula de Esopo que habla de la constancia de la tortuga frente al sprint de la impaciente liebre tambi√©n se aplica a la alimentaci√≥n y las dietas. De nada sirve perder seis libras en una semana con la dieta del jarabe de arce -o cualquier otra de las llamadas ‚Äúdieta milagro‚ÄĚ ultrar√°pidas- si dentro de un mes hemos recuperado ese peso. Y con propina.

Lo recuerda un estudio publicado la semana pasada en el diario cient√≠fico Obesity que mostr√≥ que los participantes que se embarcaron en dietas r√°pidas les fue mucho peor que a aquellos que fueron pasito a pasito, como dice la canci√≥n. ‚ÄúDesarrollar comportamientos estables y repetitivos en relaci√≥n a la alimentaci√≥n y la p√©rdida de peso es realmente importante para mantener cambios a largo plazo‚ÄĚ, se√Īala Emily Feig, investigadora de Drexel University y directora del estudio.

Las fluctuaciones de peso en las primeras doce semanas de dieta influyeron negativamente en el peso de los participantes en este estudio a medio plazo (durante los 12 meses y dos a√Īos posteriores). Por ejemplo, una persona que perd√≠a 4 libras una semana, recuperaba dos la siguiente semana y despu√©s perd√≠a una la semana despu√©s le iba peor que alguien que perd√≠a una libra por semana de forma consistente durante tres semanas.

‚ÄúMi recomendaci√≥n para los pacientes, bas√°ndome en esta investigaci√≥n, es tratar de mantener sus h√°bitos de alimentaci√≥n bastante similares en el d√≠a a d√≠a‚ÄĚ, se√Īal√≥ Feig. ‚ÄúCosas como planear el domingo la comida de la semana y comer menos veces fuera de casa pueden ayudarnos, ya que reducen las posibilidades de tomar decisiones impulsivas‚ÄĚ. Construir un h√°bito de alimentaci√≥n consistente y saludable -se√Īala la experta- puede ayudar a reducir la variabilidad del peso y a perderlo de forma m√°s consistente, incluso si es lentamente.¬†¬†

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El alcance de este consejo -que, por lo dem√°s, no es nuevo- es grande porque se estima que 45 millones de estadounidenses se ponen a dieta cada a√Īo, pero el 40 por ciento recupera, en los dos a√Īos siguientes, m√°s de la mitad del peso que perdi√≥. Y esto, entre otras cosas, es peligroso: otro estudio anterior mostr√≥ que estos vaivenes del peso (las llamadas ‚Äúdietas yoyo‚ÄĚ, que provocan un efecto rebote) puede incrementar el riesgo de muertes por enfermedades del coraz√≥n en mujeres posmenop√°usicas.

Tu peso est√° predefinido

El cuerpo se resiste a cambiar: esta es la teor√≠a del valor de referencia metab√≥lico, que explica c√≥mo el cuerpo tiende a mantener un peso determinado por el hipot√°lamo, el ‚Äúcentro de control‚ÄĚ del sistema endocrino en el cerebro. Cuando hay alguna variaci√≥n en el peso -por ejemplo, sigues aquella dieta detox que te recomend√≥ tu vecina-, el hipot√°lamo hace bajar tu metabolismo para que el cuerpo gaste menos. As√≠ que cuando vuelves a la normalidad, recuperas el peso. Lo bueno es que esos puntos de referencia pueden modificarse. Algunos consejos b√°sicos para hacerlo:

  • La fuerza de voluntad es un recurso limitado. Por esta raz√≥n -nos agotamos cuando continuamente tenemos que decir no a esas papas fritas-, un truco que no falla es tomar con antelaci√≥n una decisi√≥n con respecto a alimentos insanos que resultan irresistibles. Si, por ejemplo, una vez que comienzas con las papas fritas no puedes parar, ¬°no empieces! Esta decisi√≥n conviene tomarla en fr√≠o y no delante de un plato apetitoso y cuando te est√° rugiendo el est√≥mago.
  • Convi√©rtelo en un h√°bito. Gretchen Rubin, autora del libro sobre c√≥mo cambiar los h√°bitos Better Than Before (Mejor que antes), asegura que
    ‚Äúcambiar nuestros h√°bitos nos permite alterar nuestro destino‚ÄĚ. Rubin, que se convierte en sujeto de pruebas para escribir sus libros, recopila un sinf√≠n de trampas que, quien m√°s quien menos, utiliza para echar al traste un buen h√°bito. Entre ellos se encuentra alcanzar la meta. ‚ÄúUna raz√≥n poderosa y, a primera vista, il√≥gica‚ÄĚ, apunta Rubin, ‚Äúes que muchas veces tenemos un objetivo y esto es precisamente lo que puede estropearlo. Una vez que llego al peso ideal, ya he alcanzado mi objetivo. Entonces volvemos a comer normalmente, y engordamos. Se trata de cambiar para siempre, indefinidamente‚ÄĚ. A veces hay que abstenerse para siempre de algo. Como las papas fritas.
  • Presta atenci√≥n: no s√≥lo al qu√©, tambi√©n al c√≥mo. Los fundamentos cient√≠ficos sobre lo que es o no saludable ya los tenemos. Pero el truco podr√≠a estar en el c√≥mo comer, y no s√≥lo en el qu√©. La pediatra Jan Chocen Bays, autora de varios libros sobre el tema, suele hablar no de una, sino de siete ‚Äúhambres‚ÄĚ. El del ojo (‚Äúmmm, qu√© buena pinta tiene ese pastel‚ÄĚ); el del coraz√≥n (‚Äúese pastel me recuerda al que cocinaba mi abuela‚ÄĚ); el de la mente (‚Äúno deber√≠a comer ese pastel. Tengo que adelgazar tres kilos‚Ķ‚ÄĚ). Y as√≠ sucesivamente. Se trata, en resumidas cuentas, de no dejar que la mente se aleje demasiado del cuerpo. Todas las distracciones de la vida cotidiana refuerzan la ingesti√≥n de comida de forma mec√°nica, y esto es un factor importante de aumento de peso y obesidad. Prestar atenci√≥n mientras comemos podr√≠a ser una de las claves para combatir la plaga de la obesidad.