En el puchero donde se cocina nuestra felicidad no pueden faltar ingredientes como una relación sana y honesta con uno mismo, relaciones interpersonales saludables o la sensación de sentido vital. Pero junto a estos ingredientes, que serían el plato principal de nuestro menú, también podemos hablar de la felicidad de las pequeñas cosas. Elegimos tres actividades corrientes y molientes que, a pesar de su sencillez, está probado que nos hacen sentir bien:

1. Echar la siesta

Estudio tras estudio avala esta sana costumbre que, sin embargo, es tabú en la mayoría de los entornos laborales estadounidenses. Esto no tiene mucho sentido porque, según ha quedado plenamente comprobado, una siesta corta incrementa la productividad, lo que significa que el tiempo perdido se compensará con creces gracias al “reseteado” del que disfrutará el cerebro.

Entre ese nutrido grupo de investigaciones se encuentra un estudio de la Universidad de California en Berkeley que muestra que, cuando nos mantenemos despiertos durante todo el día (o sea, sin echar una cabezadita) somos cada vez más sensibles a las emociones negativas. Frente a ello, las personas que duermen un rato al mediodía se muestran menos susceptibles a las emociones negativas y más receptivas a las positivas. ¿De dónde procede esta mayor negatividad? Una posibilidad, respaldada por investigaciones anteriores sobre los problemas que ocasiona la falta de sueño, es que la parte del cerebro encargada de procesar emociones se va fatigando más y más a lo largo del día y, por tanto, es menos capaz de capear los temporales.

Otra explicación es que la mayor sensibilidad al miedo y a la ira son fruto de estrategias de adaptación: a medida que nos cansamos, tiene sentido que estemos más vigilantes ante las señales que indican peligro. Lo que queda claro es que una pequeña siesta proporciona una recarga emocional y altera la forma en que reaccionamos a los estímulos de fuera.

2. Hacer la cama

Este es un favorito de Gretchen Rubin, autora de Proyecto felicidad y experta en estas lides que defiende que la práctica de esta modesta actividad contribuye de forma importante al nivel de satisfacción personal. “La felicidad es una aspiración sublime, y hacer tu cama es una actividad tan prosaica. ¿Por qué incrementa la felicidad de una forma tan efectiva?” se pregunta la autora del blog. Y ofrece dos explicaciones: hacer la cama es una tarea que, a pesar de su rapidez y sencillez, transforma el ambiente. Todo parece más arreglado. Es más fácil encontrar tus zapatos. Tu dormitorio es un lugar que inspira mayor tranquilidad. Y, para la mayoría de las personas, el orden de fuera contribuye a la paz interior.

Advertisement

Pero, además, y esto más importante, mantenerse fiel a una resolución, sea cual sea, trae consigo satisfacción. Si adquieres este pequeño compromiso, comienzas el día sintiéndote eficiente y productivo.

Aclaremos que si te criaste en una atmósfera rígida y disciplinada, lo más probable es que dejarlo todo desordenado sea lo que te procure esa satisfacción. Pero como decíamos: con las sábanas revueltas o bien estiraditas, échate la siesta.

3. Llevar gafas de sol

Aunque a primera vista parezca que la felicidad es a las gafas de sol lo que un submarino a un perchero, es un truco que defiende el psicólogo Richard Wiseman, autor de 59 Seconds, un libro en el que ofrece “técnicas escondidas en publicaciones académicas que tienen apoyo empírico, y que son rápidas de llevar a cabo”.

Advertisement

Un poco de contexto: Wiseman defiende que es importante comportarse como si fueras feliz o, como se suele decir, finge hasta que lo consigas.  
“Cuando la gente es feliz, sonríe. Cuando está de acuerdo, asiente con la cabeza. Hasta aquí, sin sorpresas, pero de acuerdo con un área de investigación conocida como psicología propioceptiva, el mismo proceso funciona a la inversa. Haz que la gente se comporte de una forma determinada y harás que sientan ciertas emociones y tengan ciertos pensamientos”. De forma que aconseja sonreír a menudo; caminar de forma relajada; ser más expresivo al hablar; asentir más durante las conversaciones; llevar ropa más colorida; usar palabras con una mayor carga positiva o estrechar la mano con firmeza. Y es aquí donde entra en juego lo de llevar gafas de sol: “La luz brillante te hace entrecerrar los ojos. Así parece que estés preocupado. Adivina qué biofeedback produce esto. Exacto, tu cerebro lo puede interpretar como si no estuvieras contento”.