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Fantasías sexuales y pornografía, ¿buenas para la pareja?

Las fantasías sexuales pueden encender la chispa. Getty Images.

¿Sabías que el cerebro es el órgano erógeno por excelencia? ¿Te has enfrentado alguna vez a la culpa, el miedo o la vergüenza (o todos a la vez) en tus relaciones amorosas? ¿Te sientes mal cuando tienes fantasías sexuales? Las psicólogas Ciara Molina y Lara Antiquino creen que estamos rodeados de tabúes, prejuicios y carencias educativas sobre la sexualidad. Con su nuevo libro, Sexo sentido, sexo vivido desmontan prejuicios y reivindican una visión mucho más amplia de la sexualidad: “No es solo sexo, es sobre todo, emociones”, señalan.

Pornografía, ¿sí o no? 

Comencemos por el elefante en la habitación. Podríamos decir que el porno es a Internet lo que la manzana a la frutería: en torno al 12 por ciento de los sitios de Internet son pornográficos y este ha sido el uso dominante de la web hasta tiempos recientes (la actividad relacionada con las redes sociales copa ahora el número uno).

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Ellos y ellas lo interpretan, no obstante, de forma muy diferente: Se estima que solo el 26 por ciento de los usuarios de sitios porno son mujeres. “La mayoría de estas películas son muy explícitas y más bien escasas en preliminares. Puede que haya mujeres a las que les guste, pero a la gran mayoría este tipo de películas les aburren”, señalan las sexólogas. ¿Quiere decir esto que el porno no es una opción? “Para nada, existe el porno para mujeres, que se centra más en el componente erótico y el placer pero es también lo bastante explícito como para que le guste a los hombres. Digamos que cumple todos los requisitos para gustar a ambos sexos”. La psicólogas creen que la pornografía “nos puede dar ideas, ampliar fantasías, conocer nuevas técnicas de placer… No obstante, hay que ser críticos con lo que vemos, puesto que la industria pornográfica no es el mejor ejemplo en cuanto a educación sexual o relaciones sexuales”.

Fantasías sexuales, ¿sí o no?

Aunque han estado prohibidas y mal vistas durante mucho tiempo, hoy en día se reconocen como una parte fundamental del repertorio sexual. Las expertas las definen como “la representación mental que crea nuestro inconsciente teniendo como hilo argumental las relaciones sexuales”. Esta representación imaginaria se puede dar a través de una visión o pensamiento que provoca sensaciones físicas placenteras que llegan a erotizarnos. No siempre son sexualmente explícitas, de hecho, la sensualidad es clave en muchas de ellas, por lo que guardan gran relación con el deseo y el placer, y no tanto con la parte más física del sexo.

Las expertas creen que ayudan en aspectos tan necesarios como el autoconocimiento sexual y sensual, la creatividad erótica o el aumento del deseo. “Las fantasías hay que verlas como lo que son: una fuente de juegos, inquietudes, personajes y posibles realidades, pero, sobre todo, de libertad. En tus fantasías tú decides, sin miedos, sin presiones, sin tabúes, sin vergüenzas… Se trata de disfrutarlas y, por qué no, de representar algunas de ellas, algo que reactivará la sexualidad y potenciará las relaciones sexuales con la pareja. Por tanto, ante la pregunta de si fantasías sexuales sí o no, sí, por supuesto que sí”.

¿Quiénes son los tres “caballeros oscuros”?

La vergüenza, la culpa y el miedo forman la tríada más negativa en el sexo, en opinión de las sexólogas. La vergüenza es ese sentimiento de incomodidad por el temor a hacer, o que alguien haga, el ridículo. Ese hacer el ridículo va determinado por la opinión de los demás; por tanto, lo que nos preocupa es ser juzgados negativamente por la otra persona. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, los peores juicios vienen de nosotros mismos. “Ese es su poder, paralizarnos durante las relaciones sexuales. En este tipo de situaciones tan íntimas, muchas personas tienen pudor a mostrar sus emociones, su cuerpo, sus deseos… por lo que, ante el miedo a lo que su pareja pueda pensar de ellas, la vergüenza gana terreno y van limitando sus acciones”, explican.

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La culpa hace su aparición cuando el exceso de pasado nos aferra a comportamientos anteriores y nos impide disfrutar del momento presente. “Su poder radica en anclarnos a recuerdos sobre hechos pasados que no podemos cambiar, evitando así que podamos actuar en el presente de la manera más adecuada”. Como son acontecimientos pasados los que nos atormentan en el hoy, hay que echar la vista atrás para averiguar cuáles pueden ser y ahí, la educación recibida, la religión, las amistades pero especialmente, nuestras creencias respecto al sexo, serán lo que nos dé la clave de esa culpa que sentimos.

Y, finalmente, el miedo. Este caballero es fruto de los dos anteriores. Miedo al qué dirán, a hacer el ridículo, a dejarnos llevar, a lo que puedan pensar, a saltarnos nuestras creencias… “Miedo tanto a uno mismo como a lo que nuestro comportamiento pueda generar en otros. Un sentimiento que nos impide disfrutar y que va volviendo más oscura nuestra existencia”.

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