¿Problemas para dormir? ¿Ansiedad o estrés? Si te fallan la meditación o el yoga y te aburre colorear mandalas puedes probar con música. Y, en concreto, con una canción que, según la neurociencia, reduce la ansiedad en un 65 por ciento.

Las terapias con sonido llevan utilizándose desde hace siglos para mejorar el bienestar y la salud. Solo que antes, claro, no había hombres en batas blancas aplicando sensores para comprobar su efectividad. Eso es lo que hicieron los neurocientíficos de la firma británica Mindlab International para concluir que, con la canción Weigthless, se consigue un estado de relajación mayor que con cualquier otra música que se haya probado hasta la fecha.

Como dice David Lewis-Hodgson, de Mindlab International, “los estudios de imágenes del cerebro habían mostrado que la música funciona a un nivel muy profundo, y que estimula no solo las regiones encargadas de procesar el sonido, sino también las que se asocian con las emociones”. Al parecer lo que hace que esta canción sea tan efectiva es, entre otras cosas, un ritmo que se va ralentizando lentamente -lo que permite que el del corazón se acople-, y la ausencia de una melodía que se repita, lo que impide que el cerebro esté tratando de predecir lo que llega después.

La ONG Música en Vena defiende las bondades la música en directo en entornos hospitalarios.

Para buscar evidencias clínicas sobre los efectos de la música en el bienestar nació la ONG Música en Vena, que comenzó en noviembre un proyecto para interpretar música en directo para los pacientes del hospital 12 de Octubre en Madrid (España). Los jóvenes músicos han interpretado piezas de todo tipo (desde los géneros clásicos a la samba) para pacientes en la UCI, rehabilitación y neonatos mientras los médicos registran sus constantes vitales y hacen pruebas neuropsicológicos para comprobar cuáles son los efectos.

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La investigación, que durará 3 años, busca demostrar que la música en directo facilita la recuperación de ciertas enfermedades y es también de ayuda para los familiares de pacientes y personal sanitario.

¿Te parece que desde que el mundo se puede contar en 140 caracteres todo se ha vuelto demasiado vertiginoso? Te presentamos una composición musical diseñada para durar mil años. Concretamente, hasta finales de 2999. Y en ese momento, si es que los humanos hemos dejado títere con cabeza para entonces, habrá completado su ciclo y volverá a comenzar de nuevo. Longplayer, como se llama esta iniciativa, se puede escuchar en el faro del puerto Trinity Buoy, en Londres, desde donde lleva sonando desde 1999. Y, globalmente, en streaming por Internet.

“Al hacer el tiempo tangible, el continuo de Longplayer ayuda a reducir el vertiginoso miedo al infinito y, de alguna manera, endulza el pensamiento de nuestra mortalidad”, dice el creador del proyecto en su página web. “La música puede verse como un faro que indica el camino, una estrategia de supervivencia de las especies en una cultura de cambios rápidos”.

Y a todo esto, ¿cómo suena? En casa llevamos un par de horas escuchándolo (un 0,00002 de su duración total, si no fallan las cuentas) y todos están haciendo las maletas.