La respuesta parece evidente, pero la realidad es que un buen puñado de estudios –entre ellos, un metaanĂĄlisis publicado recientemente- relacionan los refrescos sin azĂșcar con la obesidad.

Vale, todos sabemos que los refrescos azucarados engordan, pero Âży los light? La idea es (o era) que optar por un refresco zero o echar sacarina al cafĂ© ayudarĂĄ a no ganar peso. Sin embargo, esta investigaciĂłn concluye que el consumo de bebidas edulcoradas (o sea, sin azĂșcar) tambiĂ©n estĂĄ relacionado con el incremento del riesgo de padecer obesidad.

No es la primera vez que un estudio independiente (con autores sin conflictos de interés declarados, pero esa es otra cuestión) se centra en estudiar la relación de las bebidas azucaradas con el peso. Por ejemplo, esta revisión de los beneficios y riesgos nutricionales de los edulcorantes, de 2015, concluye:

“Los numerosos estudios disponibles no proporcionan pruebas de que el consumo de edulcorantes artificiales usados como sustitutos del azĂșcar aporten mayores beneficios en relaciĂłn al control del peso, la regulaciĂłn de la glucosa en sangre en pacientes diabĂ©ticos ni a la incidencia de la diabetes tipo 2”. Y algo mĂĄs: “No se deberĂ­a recomendar el uso de refrescos azucarados ni de bebidas edulcoradas artificialmente como sustitutos del agua”.

Así las cosas, la gran pregunta es: ¿por qué, si no tienen calorías, pueden hacernos subir de peso?

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El balance energético. Para empezar, nos encontramos con una sociedad educada desde su nacimiento con la explicación del balance energético: creemos que se engorda cuando se ingieren mås calorías que las que se gastan y, a la inversa, se adelgaza cuando se gastan mås calorías que las que se incorporan con los alimentos. Como señala el nutricionista Juan Revenga, parecía sencillo. Pero resulta que no lo es.

La reducción virtual (que no real). Esta reducción de calorías es “virtual”. Esto quiere decir que cuando bebemos refrescos light, no se compensan las calorías que tomamos durante el día. O sea que si estás acostumbrado a tomar 1.500 calorías al día y te pasas al refresco light, las que te “ahorras” tiendes a introducirlas con otras bebidas o comidas. “Creemos que estamos tomando cero calorías, y es cierto, pero luego la factura la pagamos más adelante, en los intestinos y en el comportamiento”, explica el nutricionista Aitor Sánchez.

ÂżLos refrescos light pueden dar hambre? SĂ­, porque pueden incluso crear secreciĂłn de insulina a pesar de no tener azĂșcar, que esa insulina nos baje el azĂșcar en sangre y por tanto luego darnos mĂĄs hambre como reacciĂłn a esa bajada no compensada, explica SĂĄnchez.

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Efectos a nivel digestivo. Los edulcorantes pueden incrementar la absorciĂłn de azĂșcar intestinal, segĂșn se ha demostrado. AdemĂĄs producen cambios en nuestra microbiota, las bacterias con las que convivimos en el intestino, y hacer que crezcan las especies menos saludables.

El efecto ŽhaloŽ. Se produce cuando tratamos de compensar (falsamente). Es lo que ocurre cuando nos tomamos un gran pedazo de tarta pero echamos sacarina al café con leche (desnatada). O, para el caso, una bolsa enorme de papas fritas acompañada de un par de donuts de chocolate. Todo ello regado, eso sí, con un par de refrescos zero.