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El hombre que dejó su imperio de 33 McDonalds para vivir en una casa de barro

Screenshot de la conferencia TED de Pedro Medina.

Pedro Medina llevó a Colombia el primer restaurante de McDonalds. A este establecimiento, que abrió el empresario en 1995, le siguieron otros 32. El mismo año que abrió su primer restaurante sufrió una aneurisma.

Estaba estresado, su avión salía con retraso, le dolía la cabeza y de pronto se encontró en el hospital con la cabeza abierta y al borde de la muerte. Esa experiencia le cambió, pero no entonces.

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Tuvieron que pasar casi 10 años para que Medina agarrara sus bártulos y se marchara al campo, a una casa de barro y piedra llamada ‘minga’, que en quechua significa construcción colectiva. La casa se encuentra a 2 kilómetros de un pueblo de 500 habitantes, Choachí.

Allí vive desde 2015 con su hijo, su novia y sus nietos, que habitan otra casa como la suya, también de barro, también con el mínimo acondicionamiento. Fuera todo lo supérfluo. Fuera también los suplementos vitamínicos y el estrés de la ciudad que lleva a necesitarlos. Y una nueva pasión: la fauna y la flora de Colombia, que documenta con precisión de entomólogo.

Pero entonces, en 1995, a pesar del aneurisma, Pedro Medina aún no sabía que quería retirarse a vivir lejos de la civilización, en contacto con la naturaleza. Aún no sabía que la carne que vendía en sus tiendas iba a dejar de tomarla para hacerse vegetariano diez años más tarde.

Siguió abriendo restaurantes, dando charlas, era consejero en 3 empresas, y de pronto un día se dio cuenta de que los jóvenes, castigados por una Colombia sumida en problemas con el narcotráfico y problemas económicos, ya no se querían quedar en su país, querían huir lejos.

Fue en una charla, de 32 asistentes solo 12 levantaron la mano cuando Medina preguntó cuánto se veían en Colombia en 5 años.

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Entonces no supo cómo convencer a sus alumnos de que Colombia era un país que valía la pena, pero con la misma fuerza que en su día había empleado para convencer a los directivos de McDonalds en Estados Unidos de que le concedieran la licencia para Colombia - dos años de viajes y avales y papeleo le costó-, se empeñó en vender una imagen positiva de Colombia.

Lo hizo, y lo hace, dando charlas, conferencias TED y apareciendo en medios que alaban su valentía para abandonar una exitosa carrera por el campo y que recogen sus palabras sobre su etapa en McDonalds: “Hoy miro todo eso y pienso ¿Éxito? ¿Éxito eso?”.

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Creó la fundación ‘Yo creo en Colombia’ para cambiar el discurso predominante negativo y exportar una Colombia “inteligente, trabajadora, apasionada, feliz, curiosa, productiva y competitiva que existe pero que muchos no ven”.

En eso estaba cuando cortó al fin sus lazos con McDonalds y se fue a vivir al monte. Sin nevera, sin carne, comiendo los alimentos frescos de la tierra y el mar. Justo lo opuesto a aquel trabajo que le hizo famoso con su comida precocinada.

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