A medida que envejecemos pasamos más tiempo en soledad. Josh Adamski en Unsplash.

Más nos vale llevarnos bien con nosotros mismos porque, a medida que envejecemos, pasaremos más y más tiempo en nuestra -única- compañía. Y, al mismo tiempo, parece prudente aprovechar al máximo a los amigos, hijos, colegas o hermanos mientras los tengamos cerca porque su presencia en nuestra vida disminuye cuando nos hacemos mayores.

Esto es, al menos, lo que muestra el análisis sobre el uso del tiempo de los estadounidenses, elaborado a partir de los datos del censo entre los años 2003 y 2015. El experto en datos Henrik Lindberg realizó los gráficos de aquí abajo, que ilustran en compañía de quién pasamos la vida en función de la edad y, en conjunto, narran la historia de nuestra vida.

Estos datos no incluyen el tiempo dedicado al sueño.

Algunos de estos datos son muy intuitivos. Por ejemplo, cabe imaginar que el tiempo que pasamos con amigos descienda bruscamente a partir de los 25 o 30 años, el momento en el que muchas personas deciden formar una familia (y pasar mucho más tiempo con los hijos). Y a partir de los 60, con la jubilación, lo habitual es dejar de compartir tiempo con los compañeros de trabajo y más con las parejas. Pero también hay sorpresas. En especial en el último gráfico, que indica que a partir de los 40 años y hasta el final de nuestras vidas, comenzamos a pasar más y más tiempo solos. Los momentos con niños, amigos y familiares se estancan en los 50 años.

Investigaciones anteriores habían mostrado que nunca tendremos tantos amigos como a la edad de 25 años. Pero no hay que confundir cantidad con calidad: con el tiempo, la gente aprende a regular mejor sus emociones y, en general, sabe extraer más satisfacción de las relaciones que tiene, aunque sean pocas. La diferencia entre tener un pequeño número de amistades de calidad y estar más solo que la una es fundamental. Una encuesta de la Universidad de California en San Francisco de 2012 reflejaba que el 43 por ciento de los participantes se sentían solos, y esto es preocupante porque las personas mayores sin vida social tienen mayores riesgos de enfermar y morir de forma prematura.

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