Buenas historias y consejos positivos para tu vida
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Illustration for article titled Aceite de coco: ni tan bueno como se creía ni tan malo como alertan ahora

¿Quieren volvernos locos los científicos? La última saga de noticias confusas sobre nutrición tiene como protagonista al aceite de coco. Sí, ese alimento hasta hace poco considerado milagroso cayó al pilón esta semana cuando se dijo de él que es tan insano como la mantequilla. 

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Como consumidores, ¿cuántas veces hemos tenido que deshojar la margarita con los alimentos (ahora sí, ahora no…)? Este último es sólo más un capítulo de una larga serie. Un estudio de 2014 ya hacía alusión a este tema cuando señalaba que la exposición a las noticias contradictorias sobre los beneficios de algunos alimentos, vitaminas y suplementos a menudo resulta en confusión y una respuesta negativa ante las recomendaciones nutricionales.

De pócima maravillosa ha pasado a ser un villano de la mano de un comunicado que la American Heart Association (AHA) difundió esta semana. Se trata de una revisión de estudios anteriores en la que reitera que las grasas saturadas son malas. Pero esto no se puede asegurar: en los últimos 40 años se ha intentado vincular las grasas con las enfermedades cardiovasculares, pero hace ya tiempo que han surgido grandes dudas que ponen en entredicho esta relación.

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La dieta desnatada, la demonización del bacon, el queso, los huevos, y su sustitución con toneladas de azúcar y aceites vegetales de semillas han tenido un resultado indudable: no solo han aumentado las enfermedades cardiovasculares, sino que ahora hay que sumar el incremento en la obesidad y la diabetes.

Hay multitud de estudios que no han podido encontrar una relación significativa entre la dieta y los niveles de colesterol. Esto es así porque, en esencia, el cuerpo es el que regula los niveles de colesterol, no la dieta.

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Y otra cosa más: esta misma semana se ha publicado un artículo en el British Journal of Sports Medicine que contradice las afirmaciones de la AHA, ya que afirma que la grasa saturada no es la responsable de que se obstruyan las arterias.

El problema con este producto radica en el marketing que ha querido posicionarlo cono un “alimento milagroso”. No hay nada malo con ingerir aceite de coco con moderación, pero de milagroso no tiene nada, por más que se empeñe Miranda Kerr, una de su sus principales valedoras. Como señaló Laurence Eyres, presidente del grupo de especialistas en Aceites y Grasas del New Zealand Institute of Chemistry: “Sería peligroso, y más bien tonto, reemplazar el aceite de oliva extra virgen por aceite de coco”.

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En sus conclusiones, el AHA señala que no hay que tratar de reducir la ingesta total de grasa, sino reemplazar las grasas saturadas por no saturadas, y seguir un estilo de vida saludable. Y eso está bien, en línea con los consejos de siempre que hablan de reducir el consumo de carne y comer más verduras.

Conclusión: el aceite de coco tampoco es un villano. Es una fuente de grasa saturada quizá algo mejor que la mantequilla que, de todos modos, tampoco es tan mala (por lo mismo que señalábamos antes: no es fácil encontrar esa relación significativa entre la dieta y los niveles de colesterol). Eso sí: si se busca ese sutil sabor tropical, no hay forma de reemplazarlo por nada.

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