Meses antes de cumplir sus 15 años, mi hija fue enfática, como buena adolescente: “lo que más quiero en la vida es ir a ver a Ariana Grande, la amo”. No lo cambió por un viaje ni por fiestas ni un vestido nuevo. Solo ir al Miami Airlines Arena en Downtown Miami a ver a su artista favorita.

No encontraba compañía y la verdad a mí no me animaba ver el concierto. Pero fue fácil. Como las veces que se empeña en algo: “entro sola, solo quiero cantar y gritar, me sé todas las canciones”. Con el pasar de los días encontró a una amiga del colegio que también entraría sola porque su hermano se arrepintió.

Ese viernes 14 de abril llegó y pusimos en marcha el plan de espera a un lado del lugar del evento en Bayside. Vimos pasar niñas muy pequeñas, con sus padres, sus amigas, adolescentes como la mía y mujeres vestidas con atuendo de la cantante y las infaltables orejitas de conejo.

Entre la multitud exaltada que aún tarareaba canciones me reencontré con mi hija. Feliz, cantarina, emocionada… como tuvo que haber sido cada uno de los abrazos de esas niñas que murieron o fueron heridas en el brutal atentado terrorista de Manchester anoche.

¿Cómo carajo puede ser diferente? ¿Cómo puede terminar en el peor dolor que debe existir en el pecho un concierto juvenil, por más que se titule “Dangerous Woman”?

Concierto de Ariana Grande. Getty Images.

Al enterarse de lo ocurrido, mi hija pensó en ella, en Ariana Grande “Que no le haya pasado nada, por Dios”. La tranquilidad le duró poco cuando supo que niñas como ella y hasta más pequeñas murieron tarareando esas mismas canciones que ella adora, en medio de un espectáculo que a esa edad significa todo.

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Ser mamá es entrar a un mundo que parece saludarte con un “bienvenida al miedo verdadero”. Nunca le tuve verdadero pánico a nada como cuando entendí que lo peor es que le pase algo a alguno de mis hijos. Un buen amigo me preguntó una vez, mientras veíamos a nuestros pequeños de tres años jugar juntos en una piscina: “¿no te pasa que a veces estás tranquila y piensas cosas horribles como…”. No lo dejé terminar. “Sí. No hablemos de eso”. Leí que son más comunes de lo que sospechamos.

Por si fuera poco nos toca vivir los tiempos de un grupo de terroristas enloquecidos que tampoco voy a terminar de mencionar. Me uno al profundo dolor de cada mamá que anoche no pudo abrazar a su hija a la salida de ese concierto y oírla cantar a todo grito “Into you” al montarse en el carro.

Me uno a la condena internacional que merece un acto abominable e inenarrable como ese cometido por seres de dudosa humanidad. Pero no me uno al miedo paralizante que ellos quieren inducir y que como padres llevamos en la piel.

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¿Qué si vuelvo a llevar a mi hija a un concierto que la emocione hasta los huesos? Sí.

(También espero que siempre podamos regresar cantando).

En la noche del lunes 22 de mayo, un atentado suicida en los corredores del estadio Arena de Manchester (Reino Unido), en donde se llevaba a cabo el concierto de la cantante pop Ariana Grande, dejó al menos 22 muertos y 59 heridos.