Las televisiones y redes sociales llevan varios días ofreciendo imágenes de una ciudad sumergida en las aguas, con al menos 30 muertos y 30.000 personas evacuadas. Y lo que queda por llegar. ¿Cómo explicárselo a los niños? ¿Hay algo positivo que extraer del desastre natural? Expertos consultados por Todo Bien dan algunas pautas.

Un grupo de vecinos ayuda a evacuar a unos niños al sureste de Houston. Univisión/Reuters.

Cuestión de edades

Josh Klapow, doctor en psicología clínica experto en desastres y crisis y profesor en la Universidad de Alabama en Birmingham, cree que lo primero es tener en cuenta que cada niño tiene una habilidad diferente para comprender la información dependiendo de su edad.

  • Menores de 5 años: Lo único que necesitas decirle es “estoy aquí para ti”. “No necesitas decirle nada más. Es importante que no vean la televisión, porque son demasiado pequeños para comprender”, señala Klapow.
  • Entre 5 y 10 años: Es muy importante que los niños comprendan la relación de lo que ocurre con su entorno y las posibilidades de que pase algo similar donde ellos viven. Si vives en Luisiana, por ejemplo, no sirve decir que esto no va a ocurrir. “Lo que sí puedes hacer es decirles que harás todo lo que esté en tu mano para que tus hijos estén más seguros. Los niños necesitan saber que hay alguna acción, que algo está haciéndose”. Si vives lejos, por ejemplo Chicago, es importante insistir en que esto no va a ocurrir. “Un niño que no tiene riesgo no necesita sentir la amenaza”.

¿De qué tienes miedo?  

Es importante preguntarles a los niños de más de 5 años de qué están asustados, sostiene Klapow, y animarles a que sean lo más concretos posible. ¿Tienes miedo a perder tu casa? ¿Tus juguetes? “Así puedes ayudarles a normalizar sus miedos, que es de lo que se trata”, señala el experto.

¿Qué está pasando?

  • Niños menores de cinco años. “Recomendamos a los padres que apaguen la televisión cuando comienzan las imágenes de la tormenta y las inundaciones. Aunque muchos niños de cinco años o menos no están listos para verbalizar su comprensión sobre lo que están viendo, esto no significa que no estén absorbiendo la información”, señala Cynthia Edwards, directora del departamento de psicología y trabajo social de Meredith College en Raleigh (Carolina del Norte). Los niños pequeños, por otro lado, también tienen dificultad separando las imágenes que les asustan de la televisión de sus propias circunstancias. “Por eso, incluso si un niño está sano y salvo en su casa, a mucha distancia del peligro, pueden creer que los eventos terroríficos están pasando a la puerta de su casa”.
  • Niños entre 5 y 10 años. La recomendación de los expertos es apagar la televisión si no hay un adulto al lado que ayude a procesar lo que están viendo. Es importante que los niños discutan con sus padres sus miedos y ansiedades, escucha Escuchar su respuesta, y preguntarles sobre cómo perciben los eventos. “Los padres deben tener en cuenta que los adolescentes y los niños podrían quedar emocionalmente impactados por este evento, incluso si viven muy lejos de la zona”, indica Gwynn Morris profesora de psicología en Meredith College.

Los padres no son súper héroes

Las imágenes de evento incontrolable como el huracán Harvey potencian la sensación de los adolescentes de que los adultos no tienen todas las respuestas. Los padres, efectivamente, no son súper héroes, pero hay cosas que sí pueden hacer:

  • Las emociones cuentan más que las palabras. “Los niños prestan más atención a nuestras emociones que a nuestras palabras. Si estás estresado necesitas calmarte frente a ellos, porque puede que no entiendan tus palabras, pero sí tus emociones. Cuanto más calmado estés, mejor”, señala Klapow. De hecho, lo que predice el éxito de los pequeños a la hora de afrontar situaciones difíciles como la de Houston se basa en el comportamiento de sus padres. “Los padres que siguen métodos adecuados para lidiar con las circunstancias tendrán hijos que también lo harán. Aquellos con dificultades tienen hijos con patrones similares de dificultad”, señala el experto en trauma psicológico de Virgina Tech Russell Jones.
  • La importancia de la rutina y la seguridad, sin sobreproteger. Los niños pequeños encuentran las rutinas muy reconfortantes, y cuanto más se aproximen a sus costumbres habituales, mejor. También necesitan la seguridad firme de que están a salvo y de que los adultos les cuidarán. Un riesgo es la sobreprotección, que tiene consecuencias negativas, según Jones, que indica que la sensación de calma, de eficacia, de estar conectados con los demás y la esperanza son los factores que, según se ha comprobado, contribuyen a mitigar los daños psicológicos.
  • Diles lo que harías en una emergencia. Ser capaz de ofrecer seguridad también supone hablar de planes concretos en el caso de que se produjera una emergencia en tu zona.

El síntoma de estrés postraumático

A medida que las aguas retroceden, las familias necesitan estar atentas a la posibilidad de que los niños y adolescentes experimenten el síndrome de estrés postraumático, según el experto en trauma psicológico Russell Jones. Entre los síntomas se encuentran pesadillas, ira, falta de concentración o problemas para dormir. Aquellas personas que han sufrido con más impacto las inundaciones, han sido evacuadas, han tenido dificultades para encontrar alojamiento, casi se han ahogado o conocen a alguien que haya experimentado estas dificultades tienen mayor riesgo. Además, aquellas personas que en el pasado sufrieron alguna experiencia similar o tienen problemas psicológicos tienen más posibilidades de sufrir alguno de estos síntomas.

El lado positivo de desastre    

Sí, lo tiene. “Puede haber un cierto crecimiento personal”, sostiene Jones, que se refiere a un estudio tras el huracán Katrina que mostró que las víctimas eran más amorosas con otros familiares, encontraron que podían lidiar mejor con las dificultades y tenían mayor fe y espiritualidad.

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Los niños mayores, apuntan los expertos, pueden comprender que la gente está sufriendo, pero no tienen los mecanismos de los adultos para lidiar con la tristeza o la ansiedad que provocan estos eventos. Una forma de ayudarles a recuperar una cierta forma de control es animarles a hacer actividades solidarias, como montar un puesto de limonadas o pasteles frente a su casa y donar lo que se obtenga a la Cruz Roja, o escribir cartas a niños que se han quedado sin hogar. Esto les involucra en el proceso de ayuda y al mismo tiempo refuerza el mensaje de que la gente se une para ayudar en una crisis.

Hay, por otro lado, muchos aspectos positivos alrededor de lo que está pasando en Houston, como los rescates por parte de héroes anónimos que ponen todos sus recursos a disposición de desconocidos. Conviene recordárselo a los pequeños.