Las enseñanzas toltecas dicen que el miedo y las exigencias que nos imponemos son nuestros peores enemigos. La fórmula para recuperar la libertad personal que ofrece esta milenaria sabiduría procedente de México es engañosamente sencilla.

A Miguel Ruiz Jr., hijo del súper ventas Don Miguel Ruiz y autor del libro La maestría del ser, le gusta contar historias para ilustrar sus enseñanzas. En un encuentro reciente con nosotros, Ruiz eligió esta anécdota para mostrar por qué no hay que tomarse las cosas personalmente:

“Hace ocho años nos invitaron a mi padre y a mí a dar una conferencia, y nos alojaron en un hotel maravilloso. Cuando terminamos la presentación y volvimos al hotel, vimos un restaurante de aspecto muy elegante. Convinimos en descansar un rato en la habitación, cambiarnos de ropa y encontrarnos en el restaurante después. Estaba sentado en el vestíbulo del hotel cuando veo que se abre la puerta ascensor y aparece mi padre en pijama y pantuflas. Le miro atónito, y él me pregunta ‘¿hay algún problema?’ ‘No, no, contesto’.

Entramos en el restaurante y observo lo bien vestidos que están los comensales. Muchos se vuelven para mirar a mi padre en su pijama y sus pantuflas. Me siento muy avergonzado. Me pregunta, de nuevo, ‘¿hay algún problema?’ Yo vuelvo a negarlo. Mientras leemos el menú me doy cuenta de que la gente alrededor está cuchicheando. Entonces mi padre dice: ‘¿Me tienes tan poco respeto que crees que tienes que pagar por mis acciones?’ Así supe que me estaba tomando las cosas personalmente”.

1. No tomar las cosas personalmente es una de las cuatro claves o acuerdos en torno a los cuales giran estas enseñanzas. “Solamente soy responsable hasta las puntas de mis dedos. No soy responsable de lo que haga el otro, ni puedo asumir responsabilidad por nadie más que por mí mismo. Solo yo controlo mis noes y mis síes. No controlo a la naturaleza ni tampoco a otro ser, aunque sea mi padre”, señala Ruiz con una gran sonrisa.

2. Ser impecable con la palabra es otro de los ejes de esta filosofía popularizada por el patriarca Ruiz en su libro más emblemático, Los cuatro acuerdos. “La palabra que uso es un símbolo vacío cuyo significado está sujeto a mi propio acuerdo”, señala Ruiz Jr. “Ser impecable con la palabra quiere decir ser impecable con la intención”.

3. No hacer suposiciones es la tercera pieza clave y, para muchos de nosotros, la más difícil. Este breve relato lo ilustra bien:

“Un hombre quiere colgar un cuadro. Tiene clavos, pero le falta el martillo. Su vecino tiene uno, así que el hombre decide ir a su casa para pedírselo prestado. Sin embargo, en ese momento comienza a tener dudas. ‘¿Y si no quiere prestarme su martillo? Ayer, cuando le saludé, se mostró un poco esquivo. Quizá tenía prisa. O quizá no le apetecía encontrarse conmigo. ¿Entonces qué hago? Nunca le traté mal, ¿quién se cree que es? Si alguien necesitase mis herramientas, no lo dudaría un momento. ¿Por qué él no hace lo mismo? Gente como él hace que la vida sea más triste. Y estoy seguro de que imagina que dependo de él, sólo porque tiene un martillo. ¡Ya está bien!’ De modo que el hombre se dirige a casa del vecino hecho una furia, llama al timbre y, antes de que el vecino tenga oportunidad de decir buenos días, le grita: ‘¿Sabes lo que te digo? ¡Que no necesito tu martillo!’”.

Ruiz lo expresa así: “Si trazas un circulo y no llegas a cerrarlo del todo, la mente lo hará por ti. Igual pasa con un triángulo, la mente proyecta la línea que falta. Para mí una suposición es esa línea que falta en el triángulo. El problema de hacer suposiciones es que creemos algo sin saber si es cierto y actuamos basándonos en esa creencia. No hacer suposiciones significa tener paciencia para preguntarle a la vida qué es la verdad y no creer las historias que vienen de tu imaginación porque muchas proceden de tus heridas”.

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4. Hazlo lo mejor que puedas. “Hacerlo lo mejor que puedas en cada momento es aceptar la verdad de quien soy ahora”, dice Ruiz en relación al cuarto acuerdo. “Nunca volveré a ser tan joven como hoy, así que si llego a vivir la edad de mi bisabuelo (¡117 años!) me quedan 75 años por delante. ¿Cómo voy a vivirlos? Esa es la cuestión”.


Otros conceptos clave en la tradición tolteca:

La domesticación. Empieza en nuestra tierna infancia cuando nos premian o castigan por adoptar las creencias y conductas de lo que a los demás les parece aceptable. Cuando adoptamos estas creencias y conductas motivados por premios o castigos se puede decir que nos han domesticado. Un ejemplo muy común: el niño que no quiere comer más, pero acaba terminando la sopa para no hacer enfadar y cumplir las expectativas de la abuela. “Si la imagen perfecta que tengo de mi es con 27 años, el cabello nutrido y lustroso, y me miro en el espejo y no veo eso entonces voy a escuchar ese regaño:’¡ese gordo viejo’. Esa es la domesticación: no verme como realmente soy”, dice Ruiz.

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El parásito y el aliado. El parásito es la mente que continúa el proceso de domesticación. Es la voz del narrador que usa las creencias, adquiridas a través de la domesticación, para controlarte y hacer que solo te aceptes y quieras si acatas las condiciones que te pone. “El parásito es la parte de nuestra mente que implementa amor condicional”, señala Ruiz. Frente al parásito nos encontramos con el aliado, “la voz del narrador interior cuando te inspira a vivir, crear y amar incondicionalmente”.

Amor condicional frente a amor incondicional. “El amor condicional solo quiere ver una parte de la realidad”, dice Ruiz. “Sufrimos porque continuamente nos rechazamos con condiciones aprendidas que nos enseña la sociedad, familia, etc. Somos la acumulación de cada crítica y cada cumplido que hemos escuchado. El amor incondicional es ver la vida tal como es y aceptarte a ti mismo en cada momento”.