Las historias de personas que se han enfrentado con enorme entereza y valentía a la pérdida de seres queridos o propiedades por culpa de los huracanes Harvey, Irma y María o del temible terremoto de México se cuentan a puñados. ¿Son súper héroes o más bien gente normal que, en un momento de necesidad extrema, saca lo mejor de sí misma?

La respuesta a esa pregunta seguramente sea una mezcla de ambas cosas. “Todos tenemos el instinto de supervivencia, es instintivo, innato, pero algunas personas están mejor equipadas para lidiar con la tragedia. A estos se les da mejor recuperarse”, sostiene el psicólogo experto en desastres y crisis Josh Klapow. Esta capacidad, que nos mantiene luchando por objetivos y no rendirnos, brilla en su esplendor en las grandes tragedias. Con desastres naturales, guerras o cualquier otra situación límite, como hemos visto estos días.

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Nos referimos a la resiliencia, la capacidad de adaptarnos y hacer frente a eventos difíciles de la vida, compensando lo negativo con una actitud positiva y optimista. “El mayor espectáculo es un hombre luchando contra la adversidad”, decía Oliver Goldsmith, escritor y médico irlandés, que añadía que hay otro espectáculo aún más grande: “ver a otro ser humano lanzarse en su ayuda”.

La psicología lo estudia desde hace más de 40 años; no se trata solo de cómo afrontar adecuadamente los reveses de la vida. Más si cabe: salir fortalecidos de estas experiencias. Ser resiliente no significa que no te afecta la situación, y que no experimentas emociones intensas. Significa que, con tiempo, eres capaz de adaptarte y salir adelante. Potenciar este rasgo de la personalidad nos lleva a tener más entereza y sobreponernos a las adversidades. Y más vale hacerlo: todos vamos enfrentarnos, como media, a dos o tres acontecimientos potencialmente traumáticos en nuestra vida, aunque vivamos en lugares donde nunca pasará un huracán ni habrá un terremoto. Lo importante es no esperar a tener un problema para pensar cómo solucionarlo, sino saber anticiparnos.

“Potenciar la resiliencia te ayudará a navegar por la vida con más confianza y a estar más preparado para lidiar con circunstancias que están más allá de tu control”, dice Klapow, que presenta cinco vías para cultivarla:

  • Fortalece las relaciones con la familia, amigos, compañeros de trabajo, gente en la comunidad donde vives. Lo más importante, sostiene Klapow, es contar con relaciones de apoyo dentro y fuera de la familia. Las relaciones que ofrecen ánimo, consuelo y amor son absolutamente esenciales para tener resiliencia.
  • Establece objetivos realistas y toma acción. Cuando los problemas son apabullantes y los objetivos no son alcanzables, la gente se siente desesperanzada y pierde su poder. Establecer pequeños objetivos para cada día sirve para no estancarse. Quizá sea contactar con una agencia de empleo, o pedir cita con un médico o psicólogo.
  • Encuentra significado en la situación. Como decía el filósofo Nietzsche, quien tiene un porqué es capaz de encontrar el cómo.
  • Aunque suene duro, si puedes aprender algo sobre ti mismo podrás usar este aprendizaje en el futuro. Así que quizá sea descubrir tus habilidades de supervivencia, mayor sentido de la espiritualidad o simplemente apreciación por la vida.
  • Cuida la salud física y mental. Con un cuerpo y mente saludable es mucho más fácil lidiar con las emociones fuertes en circunstancias extremas.

La paradoja Stockdale

James Stockdale fue un militar estadounidense que cayó prisionero en la Guerra de Vietnam y pasó cerca de ocho años en confinamiento solitario, con la luz de su pequeña celda encendida las 24 horas del día y durmiendo con grilletes, entre otros padecimientos. La paradoja que lleva su nombre se refiere al tipo de optimismo que es más importante para convertirse en una persona resiliente: cuando te enfrentas a un desafío o a un trauma, es importante hacerlo de forma objetiva. Puedes hacer la valoración “me enfrento a un enorme problema”. Y combinar el realismo (“este lío es muy gordo”) con la confianza de decir, “saldré adelante”. Este es el optimismo relacionado con la resiliencia.

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Dennis Charney, un psiquiatra que investiga nuevos tratamientos para la depresión y desórdenes de la ansiedad, señala que el mecanismo clave que usaron Stockdale y sus compañeros fue la capacidad de combinar realismo con optimismo. ¿Cuál era la fuente de optimismo que tenía Stockdale? El apoyo social. Aunque estaba en una celda en solitario, puedo comunicarse a través de la pared con otro prisionero en la celda contigua a través de un código de golpecitos. “Si no hubieran tenido este código para comunicarse”, dice Charney, “Stockdale y sus compañeros no habrían resistido. Todos necesitamos un grupo de individuos en nuestra vida con los que podamos contar, compartir sentimientos o pedir consejo cuando nos enfrentamos a un trauma”.


¿Cómo explicar a los niños lo que es la resiliencia? Con este vídeo protagonizado por un hipopótamo/esponja.