Las personas que quieren adelgazar suelen evitar ciertos alimentos y primar otros, pero a menudo se olvidan de algo muy importante: el horario de las comidas. La hora del día a la que se come podría resultar más relevante para perder peso que la cantidad de calorías que se ingieren, según un nuevo estudio.

Esta nueva investigación, elaborada por el Centro Médico de la Universidad de Texas, en Dallas, mostró que los ratones sometidos a un régimen reducido de calorías que comieron durante su ciclo de actividad normal (es decir, por la noche) fueron los únicos de entre cinco grupos de roedores en perder peso, a pesar de consumir las mismas calorías.

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“Si lo trasladamos al comportamiento humano, estos estudios sugieren que hacer dieta solo será efectivo si las calorías se consumen durante el día y cuando estás activo. Comer a las horas equivocadas, durante la noche, no supondrá una pérdida de peso incluso si estás a dieta”, señaló el neurocientífico Joseph S. Takahashi. Su equipo, que utilizó un material especial para alimentar a los ratones de forma automatizada, busca encontrar respuestas a la pregunta de por qué las dietas que restringen las calorías amplían la longevidad.

Los descubrimientos, difundidos el martes y publicados en la revista científica Cell Metabolism, dan nuevas pistas sobre la relación que existe entre la alimentación, el metabolismo y el comportamiento. Los científicos creen que la hora en la que se consume la comida afecta al ritmo circadiano y esta puede ser la razón por la que los hábitos dietéticos modifican la esperanza de vida.

Este no es el primer estudio en esta línea. Una investigación realizada por investigadores de las universidades de Murcia (España), Harvard y Tufts llegó a la conclusión de que lo más determinante para adelgazar, más si cabe que aquello que comemos, es la hora en que se realiza la principal comida del día. “Nuestros resultados indican que aquellos individuos que retrasan hasta tarde la comida principal del día –después de las 15:00 horas– muestran una pérdida de peso significativamente menor que los que comen más temprano”, explicaba Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y autora principal del estudio.

Dormir mal engorda

Los investigadores también examinaron otros factores que desempeñan un papel importante en la pérdida de peso pero que a menudo se descuida, como la duración del sueño. Sí, dormir mal -entre otros problemas- engorda. Además de estar de un humor de perros, o precisamente por ello, tras la noche en blanco gravitamos hacia las patatas fritas, pizzas o cualquier otro plato que no nos conviene.

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Hace ya décadas que los científicos comenzaron a relacionar el dormir mal con el aumento de peso. Pero en los últimos tiempos varios estudios muestran que, cuando tenemos sueño, los llamados “centros de recompensa” del cerebro parecen responder con mayor intensidad a las comidas que engordan. Por otro lado, también tomamos decisiones más impulsivas y menos racionales cuando estamos adormilados.