Si fuese el argumento de una película, seguramente no lo creeríamos por exagerado. Pero acaba de ocurrir en la vida real: una pareja de nonagenarios (ella 98 años; él 94) que se conocieron ocho años antes en un gimnasio de Middletown, en Nueva York, se acaba de casar con un entusiasmo que ya quisieran algunos jovencitos.

Cuando recibió su diploma en Historia (a los 92 años), Mann dijo que estaba considerando estudiar un master. Fuente: TWCNews

En su primera cita, él la llevó a un restaurante en Middletown llamado Something Sweet (Algo dulce), donde permanecieron hasta el cierre del local. Eso fue hace ocho años, y desde aquel día, Alvin Mann y Gertrude Mokotoff decidieron compartir sus vidas y, de paso, convertirse en toda una inspiración para aquellos que creen que la edad no es más que un número.

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La de la edad, no obstante, no es la única convención que ha roto la singular pareja. El pasado mes de mayo, después de una velada en la Ópera en Manhattan, Mokotoff, que cumplirá 99 años el próximo 20 de agosto, decidió dar el salto y pedirle que se casara con ella. “Estaba cansada de perseguirle”, señaló. Y así, el pasado 5 de agosto formalizaron su relación en el Ayuntamiento de Middletown. Les casó el alcalde de la ciudad en presencia de 50 amigos y familiares al son de Somewhere Over the Rainbow, interpretado por el hijo de ella, Charles Mokotoff, un guitarrista clásico de fama internacional.

Mann señala que una cosa es sentirse viejo, y otra serlo, y que los números no siempre coinciden. “La edad no significa nada para mi o para Gert. No lo vemos como una barrera. Todavía hacemos lo que queremos en la vida. La gente siempre nos pregunta qué es lo que nos mantiene jóvenes. Por supuesto, la ciencia médica explica una parte, pero la gran razón es que vivimos sin preocupaciones. No dejamos que ninguna cosa que no podamos controlar nos preocupe”.

Mann, que fue marinero comercial antes de montar un negocio en Manhattan, se convirtió en 2016 en la persona de más edad en graduarse en el Mount St. Mary College, que también le concedió un doctorado honorífico el pasado mes de mayo. A los 92 años, condujo 80 millas dos veces por semana durante dos años y medio para conseguir los créditos universitarios que le faltaban para terminar una licenciatura en historia. “Estudiamos muchos eventos, como la II Guerra Mundial y las guerras de Vietnam y Korea, pero yo he vivido todo eso. Así que no es ninguna sorpresa que bordase la mayoría de los exámenes”, apuntó.

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Mokotoff, por su parte, se casó a los 23 años (en 1941) con un cardiólogo de Manhattan, fallecido en 2002. Fue profesora de biología durante más de 30 años en el Community College de Middletown. Pero, en lugar de retirarse, a los 70 años se metió en política y se convirtió en la primera mujer en ser elegida alcaldesa de Middletown.

En la boda no faltó detalle: desde el coche rojo (conducido por el novio) con las tradicionales latas atadas al parachoque y el cartel de recién casados hasta la liga roja que mostró la coqueta novia subiéndose el vestido por encima de la rodilla.

Cuando, tras el banquete, preguntaron al novio cómo cambiaría su vida como hombre casado, Mann señaló que de ninguna manera. “Ya hemos hecho muchas cosas juntos. Y, reconozcámoslo, los dos sabemos que probablemente ninguno encontrará a otra persona. Así que, en adelante, estamos los dos, juntos, para el resto de nuestras vidas”.

La pareja, que en total tiene siete hijos, 12 nietos y 7 bisnietos, todavía va al gimnasio dos veces por semana.

Fuentes: TWCNews; The New York Times;   Times Herald