Cuando Shelly Wall estaba embarazada, los médicos le advirtieron de que si su hijo nacía, probablemente no sobreviviría más que un par de días. Solo tenía, entre otras graves carencias, un 2 por ciento de función cerebral. Cinco años después, Noah aprende a leer y escribir y va al colegio casi como un niño más.

Noah Wall nació con un 2 por ciento de cerebro. Facebook de la familia.

“Empecé a preparar su entierro mientras estaba embarazada”, señala Sherry Wall, madre del pequeño, a la prensa británica. El niño, hijo único, padecía un caso grave de espina bífida (la columna vertebral del feto no se cierra completamente) y, por si fuera poco, un quiste estaba haciendo estragos en su cerebro. Las pruebas mostraban que en la cabeza de Noah había más líquido que masa gris, una rara anomalía, así que los médicos advirtieron a la familia para que se preparase para lo peor. Lo más probable es que no sobreviviese al parto y, si lo hacía, duraría apenas unos días. O todavía peor: tendría un futuro terrible, discapacitado física y mentalmente.

El cerebro de Wall continúa desarrollándose más allá de lo que nadie había imaginado.

Pero el bebé nació, pudo respirar por sí mismo y comenzó una andadura que, aunque no ha estado exenta de intervenciones quirúrgicas y sobresaltos, continúa causando perplejidad en la comunidad médica. Su cerebro comenzó a crecer y desarrollarse, y en los últimos escáneres que le realizaron, había alcanzado el 80 por ciento del tamaño normal para un niño de su edad. A los dos años, Noah era capaz de sentarse con la espalda erguida, cantar y jugar con un vídeo juego. Así que no es de extrañar que este niño de Cumbria, en Gran Breataña, se haya convertido -además de caso de estudio en centros de investigación- en un pequeño héroe nacional al que han dedicado hasta un documental, titulado The Boy Who Grew A Brain (El niño al que le creció un cerebro) que se emite en el Canal 5 de Reino Unido. Parte del éxito de su recuperación se atribuye, además de a los desvelos de la familia, a Claire Nicholson, neuróloga del Hopistal Pediátrico de Newcastle, que lo califica como “un muchacho extraordinario con dos padres extraordinarios”.

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El cerebro de este niño sonriente continúa desarrollándose más allá de lo que nadie podría haber imaginado. Y, después de algunas operaciones en las caderas, su familia está convencida de que podrá caminar algún día. A juzgar por lo que ha ocurrido desde que nació, pocos se atreven a llevarles la contraria.

Las sorpresas del cerebro humano

Estas tomografías muestran la evolución del cerebro del niño.

Los neurólogos se afanan en investigar cómo una pequeña cantidad de masa cerebral puede “aprender” funciones de partes ausentes del cerebro, y estudian los mecanismos que permiten que, cuando el cerebro sufre un daño importante, determinados circuitos comiencen a compensar por la pérdida de funciones.

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El caso de Noah no es único. Los científicos continúan rascándose la cabeza en torno a un caso que sucedió en la década de los 80 y tuvo como protagonista a un brillante alumno de matemáticas de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido. Este alumno acudió a John Lorber, médico y profesor de esa universidad, aquejado de fuertes dolores de cabeza. Lorber le hizo un escáner y se encontró, para su sorpresa, con un cráneo lleno de líquido cerebroespinal. El alumno, con un coeficiente intelectual que rozaba la frontera de la genialidad, mostraba un cuadro de hidrocefalia que le había borrado una buena parte de su cerebro.

Otros ejemplo sonado de recuperación que dejó perplejos a los científicos fue el de la ex-representante demócrata de Arizona en el Congreso Gabrielle Giffords. Giffords sobrevivió a un intento de asesinato en 2011, cuando una bala atravesó su cerebro. Los médicos temían que los daños fueran permanentes pero a los cuatro meses volvió a andar y hablar con normalidad. Igualmente extraño fue el caso de Michelle Mack, una mujer de 42 años de Virginia que nació con medio cerebro. Mack no se enteró de lo que tenía en su cabeza (o mejor dicho, lo que le faltaba) hasta los 27 años. Pero esto no le impidió acabar sus estudios en la universidad y llevar una vida normal.

¿Es tan importante el cerebro? ¿Cómo es posible que una persona que apenas tiene masa gris pueda llevar una vida normal, y no digamos ya acabar con buenas notas la carrera de matemáticas? Historias como la de Noah nos sumergen en un mar de dudas. Ahí quedan las preguntas.