Dara Crouch una madre de 29 años de Georgia no quiso enterarse del sexo de su bebé, estaba convencida de cuál sería: una niña. No parecía haber otro destino posible una vez que en su familia, en los últimos 50 años solo habían nacido mujercitas. Tías, hermanas y sobrinas creaban un tremendo matriarcado.

Así que con poca expectativa en esa materia, Dara decidió concentrarse en otros asuntos del embarazo, por ejemplo, en contratar una fotógrafa de partos que capturara ese momento indescriptible cuando su segundo hijo conociera el mundo.

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Dara y su esposo esperaron pacientes el momento del nacimiento de su hijo y entraron en trabajo de parto, mientras Neely Ker-Fox, una experta fotógrafa que ha retratado más de cien partos capturaba las tensiones, dolores y sentimientos que preceden a un nacimiento.

Finalmente el alumbramiento llegó, y en cuanto Dara tuvo en sus manos al bebé no pudo ocultar lo que estaba sintiendo. Con los juegos del destino que solo la vida parece tener autorización para hacer, Dara desafiaba el patrón y tenía entre sus manos a un varón.

“Inmediatamente supe que era un momento excepcional el que estaba capturando. En realidad en las prisas propias de un parto, y ante la euforia nadie había sido muy consciente de qué había sucedido en esa sala de parto. Dara solo se dio cuenta verdaderamente de su sorpresa cuando yo le mostré cómo había quedado retratada su cara en ese momento”, cuenta la fotógrafa que a pesar de que estaba muy orgullosa de haber captado ese instante suponía que estas fotos, como las tantas cientos que ha tomado, no las vería más que la propia familia.

Pero Dara Crouch y su marido no solo estuvieron de acuerdo en mostrar aquella fotografía que parecía resumir en una imagen la celebración de la vida, sino que estuvieron dispuestos a contarle a los medios la razón de semejante euforia.

“La verdad es que fotografiar partos en los que el género es desconocido suele ser muy emocionante. Todas las madres tienen expectativas cuando va a nacer su hijo. Dara es justamente una enfermera que ayuda en partos y esa sala de hospital estaba llena de amigas y colegas de ella, por eso cuando la enfermera que tuvo al bebé entre sus brazos gritó ‘¡es un niño!’ nadie en el cuarto pudo contener la sorpresa, fue un grito colectivo”, narra la fotógrafa que por su trabajo termina siendo testigo de cientos de momentos desbordantes como este.

Después de ver esta vibrante fotografía quizás muchos entiendan las razones por las que cada vez más mujeres están invitando a sus cuartos de partos a un fotógrafo.

“Nosotros compartimos imágenes que ayudan a empoderar a las mujeres, que normalizan lo que es un nacimiento ante el público, nuestras imágenes traen sanación a los corazones rotos, y traen esperanza. Estas imágenes se encargarán de mostrarle a esta nueva generación cuanto amor recibieron desde el primer momento en el que llegaron a este mundo. Pero, claro, nuestro trabajo es también complicado, nunca puedes estar tranquila en un hospital porque en un segundo lo predecible se hace impredecible”, confiesa Neely Ker-Fox.

Quizás y después de todo en eso resida la magia de estas fotografías: