Jean Marie Roughol está escribiendo la adaptación al teatro de sus memorias. Fuente: https://www.facebook.com/jeanmarie.roughol

Sucede pocas veces que un mendigo escriba un súperventas. Pero quizá sea todavía más improbable que un hombre que pide limosna por la calle consiga la amistad de un ex ministro del Interior y presidente del Consejo Constitucional francés. Ambas cosas le ocurrieron a Jean-Marie Roughol, autor del libro Pido limosna: una vida en la calle, que lleva vendidos ya más de 50.000 ejemplares. “Si no hubiera escrito el libro, seguramente yo también habría muerto en la calle”.

Como ocurre tantas veces, fue un encuentro fortuito lo que le salvó la vida. Llevaba casi tres décadas dando tumbos por las calles de París
cuando, en 2013, mientras pedía limosna en los Campos Elíseos con su vaso de papel, ofreció a un ciclista cuidar de su bicicleta a cambio de unas monedas. Este ciclista resultó ser el ex-ministro Jean-Louis Debré, uno de los políticos más reputados de Francia. “La mayoría de la gente no deja ni que te acerques a su bici, pero él me dijo que sí”, contaba Roughol al canal de televisión France 5. Un grupo de personas que pasaban por allí se burló del buscavidas, y entonces Debré se ofendió. “Yo creo que tú tienes mucho más que contar que esa gente. Escríbeme tu historia. Escríbeme tu vida. Yo corregiré el libro y encontraré un editor”.

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Y así fue. A lo largo de 20 meses fue garabateando tres cuadernos con sus recuerdos, sentado en parques y entre limosna y limosna. Debré le recomendó que no se preocupara por las faltas de ortografía y se centrase, simplemente, en escribir. “Le dije que el resto no era importante y que quería comprender su vida, por qué había acabado pidiendo”, explica el político en el prólogo del libro, que salió recientemente al mercado en versión de bolsillo. “¿Por qué solo algunos famosos, o que aseguran serlo, como estrellas de televisión o del cine, van a tener permiso para revelar su pasado y tener su autobiografía editada? ¿No tienen las personas anónimas algo interesante que decir? Roughol me enseña más de lo que yo le ofrezco a él”, dijo.

“Nunca imagine que mi carrera consistiría en mendigar por las calles de París para sobrevivir”, escribe Roughol, de 49 años, en su autobiografía. “Nunca pensé que tendría que pasar las noches en la calle, en el metro. Por supuesto, soy responsable de lo que me ha pasado, pero mi vida no comenzó bien. Esto no es una excusa: es un hecho”.

Estos hechos incluyen una madre que lo abandonó y un padre –un camionero alcohólico- que lo envió a vivir a los cinco años con una familia adoptiva que lo trató con crueldad, encerrándolo en una bodega oscura y alimentándolo básicamente con pan y agua. “No tuve regalos, ni amor, ni comida; a esas personas les pagaban para que criasen niños y yo solo era una fuente de ingresos para ellos”.

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Incluso cuando su padre le trajo de vuelta a París, la vida de Roughol continuó siendo muy difícil. Se escapó de casa, dejó la escuela, hizo la mili y a los 20 años ya sabía lo que era vivir en la calle, en compañía de “ratas del tamaño de gatos” y temiendo por el robo de sus pocas pertenencias mientras dormía, algo que le ocurrió en algunas ocasiones.

De todo ello hablaba en el manuscrito que le entregó a Debré. Ambos trabajaron mano a mano para mejorarlo y editarlo, primero en cafés y luego en la sede del Consejo. “Una vez estábamos en un café y apareció la policía preguntando si había algún problema. Era muy violento”, recuerda Debré, de 72 años. Así que le propuso que fuera al Consejo y comenzaron a trabajar allí.

Hace unos meses que recibió el cheque con los derechos de autor, y estos días Roughol vive de alquiler en un piso modesto, come caliente y se pasea por las televisiones y radios de su país. La fama, no obstante, no le ha liberado del todo de la incertidumbre sobre el futuro, así que por las mañanas continúa pidiendo. Pero por las tardes escribe la segunda parte de sus memorias y una obra de teatro. Ha descubierto que las palabras también pueden salvar vidas.