Un nuevo estudio pone en duda que la gente casada disfrute de más salud.

“El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez”, señala una de las frases favoritas de los solteros empedernidos. Aunque los últimos estudios parecen sugerir que quizá tenga razón, durante mucho tiempo lo que a mí me pareció estúpido, con todos los respetos para el filósofo al que se le atribuye, es la frase. Porque mi experiencia, la ciencia y hasta las aseguradoras (con pólizas más baratas para los casados) aseguraban lo contrario. Hasta ahora.

He consolado muchas veces a amigas solteras recordándoles lugares comunes: que si tienes mayor libertad, que si disfrutas de mayor tiempo libre... Pero estos consuelos parecían ridículos en comparación con el poder sanador que se le atribuía al matrimonio. Pero eso era antes. Ahora, si algún amigo se lamenta de cuando no encuentra pareja podré hablarle de estudios como la investigación titulada La ambigua relación entre el matrimonio y la salud, relevante por su tamaño (11.000 personas), duración (16 años) y la metodología empleada.

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La gente casada, de acuerdo con este estudio, tiene peor salud que los solteros. Y su salud no mejora con el tiempo, sino todo lo contrario. “Nuestra fe en los prometidos beneficios del matrimonio debería haberse puesto en entredicho largo tiempo atrás”, dice Bella DePaulo, psicóloga y estudiosa del solterismo, como llama a la actitud de “preferencia de los casados frente a los solteros en la sociedad”. La psicóloga de Harvard también es autora de Singled Out (un juego de palabras que viene acompañado del esclarecedor subtítulo “cómo los solteros son estereotipados, estigmatizados e ignorados, y aun así viven felices para siempre”). De acuerdo con DePaulo, los estudios que se han hecho sobre la materia hasta la fecha toman como referencia a personas que están casadas en el momento del estudio, lo que explica que buena parte de los infelizmente casados —todos aquellos que se divorcian, por ejemplo— salgan automáticamente de estas investigaciones, como si nunca se hubieran casado.

Este no es el único estudio que da la razón a DePaulo. Una revisión de 18 estudios de 2012 concluyó que el bienestar no mejora cuando la gente se casa. Los recién casados sí disfrutan de un “efecto luna de miel”, un periodo de tiempo en el que sienten más satisfechos con sus vidas, pero luego esta satisfacción se reduce y terminan como antes.

Algo muy importante que tienen a su favor los solteros es que no se han divorciado. Esto es, el divorcio -que, obviamente, uno no sufre mientras no se case- tiene un gran impacto en la salud mental y física de las personas. Y esto es muy importante habida cuenta de que el porcentaje de divorcios es del 41 por ciento en Estados Unidos (y eso para el primer matrimonio; los consecutivos tienen todavía menos posibilidades de prosperar). “Una mejor manera de evaluar las implicaciones del matrimonio es comparar a esas personas que alguna vez estuvieron casadas con aquellas que nunca lo estuvieron. Pero muy pocos estudios hacen esto”, señala DePaulo.

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Hoy día, el número de adultos solteros se aproxima al de los casados. Y estos últimos tardan más en emparejarse. Así que desde esta óptica, estas investigaciones no son una mala noticia. Como dice DePaulo, “los solteros están mejor de lo que se creen. El matrimonio probablemente no traerá beneficios duraderos a su salud y bienestar, e incluso puede resultar en una disminución”. Así que los solteros pueden dejar de obsesionarse con Tinder y las mil y una aplicaciones para ligar y disfrutar de su soltería. Mientras les dure.

Otras razones de peso (sobre todo la primera) para mantenerse soltero:

1. Estar casado engorda

Si estás casado/a, probablemente también estés más gordo/a. Las posibilidades de ganar peso crecen en cerca de un 4 % en comparación con tus amigas solteras, en el caso de las mujeres. Este porcentaje es del 6,1 % para los hombres. De modo que esa panza cervecera que se expande tras los votos nupciales no es fruto de la casualidad. Entre las hipótesis que podrían explicar este vínculo, la más obvia es que la gente soltera se mantiene en forma para atraer pareja. Una vez conseguida, pierden la motivación para comer bien y hacer ejercicio.

Otra explicación, a la que apunta este artículo: comemos más cuando estamos en compañía. Comer con otros incrementa en gran medida el tamaño de las raciones. Almuerzos que se alargan con postres y otras inconveniencias y el hábito de copiar a otros comensales estarían detrás de este comportamiento. Otros señalan que a las mujeres les sirven las mismas raciones que a los hombres; o que las parejas tienden a tomar alcohol con las comidas, y no se pierden los postres. “El matrimonio trae consigo obligaciones sociales: comes y cocinas más, tienes invitados con más frecuencia, y también está la cuestión de estar demasiado ocupado para hacer ejercicio”, señala Laura Argys, profesora de Economía de la Universidad de Colorado (EEUU) y coautora de un estudio sobre el tema. Por otro lado, las parejas casadas tienden, para bien y para mal, a compartir comportamientos y actividades, como quedarse tirado en el sofá comiendo cacahuetes en lugar de salir al monte.

¿Qué pasa cuando las parejas se separan? Que tienden a perder peso. No hay mal que por bien no venga.

2. Los solteros duermen mejor

Las parejas se pelean 167 veces al año en la intimidad de su habitación. La causa número uno: el robo de la sábana o la colcha. Los siguientes culpables en la lista de las trifulcas conyugales nocturnas son roncar y la igualmente espinosa cuestión de la regulación de la temperatura, de acuerdo con esta encuesta. La mayoría duerme mejor por separado. El experto británico en sueño Neil Stanley lo tiene hasta cuantificado, y asegura que las parejas que comparten cama tienen un 50 por ciento más de posibilidades de padecer interrupciones que aquellas que deciden “divorciarse” temporalmente de noche. “Compartir cama con alguien que hace ruido y con quien tienes que luchar para mantener tu trozo de colcha no tiene sentido”, escribe Stanley, ex presidente de la Sociedad Británica del Sueño. Este experto asegura que históricamente nunca hemos compartido cama, y que el hábito se remonta a hace relativamente poco tiempo, los comienzos de la revolución industrial, cuando las familias se trasladaron en masa a las ciudades, donde disponían de menos espacio.

3. Los solteros guardan mejor relación con amigos y familiares

Un análisis sobre las relaciones de los estadounidenses con su entorno determinó que los singles tienden a estar más en contacto con padres, hermanos, vecinos y amigos. Y eso que sabemos que los amigos, en particular, son una gran fuente de felicidad.