He aquí un tema del que no debes hablar en una reunión familiar, salvo que tengas ganas de discutir: el orden de los factores sí altera el producto cuando se trata de hermanos. Un nuevo estudio que investiga las diferencias entre el primer y el segundo hijo asegura que los nacidos en segundo lugar tienen más probabilidades de meterse en líos en el colegio y después, en particular si son varones.

Tranquilidad: esto no es generalizable a todas las familias, y seguro que identificas muchos casos (o el tuyo propio) en el que el segundo hermano es mucho más modosito que el primero. Pero el estudio del economista del MIT Joseph Doyle alimenta el estereotipo del hermano problemático con datos y asegura que los nacidos en segundo lugar tienen entre un 25 y un 40 por ciento más de probabilidades de tener problemas en el colegio o después, con la policía, si se los compara con los primogénitos.

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El estudio comparó los datos de miles de hermanos del estado de Florida y de Dinamarca, dos poblaciones muy diferentes entre sí, para llegar a esta conclusión, y aventura que sus conclusiones son extrapolables a otros lugares.

“El primer hijo tiene modelos a seguir, los adultos. En el caso del segundo, sus modelos son niños bastante irracionales de dos años, es decir, sus hermanos mayores”, dijo Doyle en declaraciones en NPR. Doyle atribuye las diferencias a la mayor atención que suele recibir el primer hijo, y señala que estar alerta para evitarlo podría ser beneficioso para la familia.

Este no es el primer estudio sobre la influencia del orden de nacimiento en la personalidad. Otras investigaciones anteriores mostraban que los nacidos en primer lugar tienen mayor cociente intelectual, son mejores estudiantes y ganan más dinero.

Desmontando los estereotipos

Podemos dar la vuelta a estos datos y argumentar, por ejemplo, que los hermanos menores tienden a tener un espíritu más libre porque los padres son menos cautelosos con ellos, puesto que ya comprobaron con sus hijos mayores que las cosas no son tan terribles como parecían. Probablemente, también los papás tienen más recursos que cuando comenzaron a formar familia y eso los beneficia.

Si sientes que el estudio del MIT no va contigo no eres el único. Los factores de aquí abajo, que forman parte de un test psicológico (White-Campbell Psychological Birth Order Inventory o PBOI) contribuyen a desbancar cualquier estereotipo:

Temperamento: El temperamento de un niño puede echar por tierra los condicionantes del orden en el que nació.

Género: Cuando los primeros dos hijos tienen diferentes géneros, a menudo se comportan como primogénitos, ya que no se hacen sombra el uno al otro.

El niño especial: Sí, todos los son, pero si la hermana es una gimnasta o una virtuosa del piano tenderá a llevarse la atención (y la presión) del primogénito, aunque no lo sea.

Complexión física: Lo habitual es que el niño mayor pueda mangonear al pequeño, ya que es más grande. Pero no es siempre el caso. Un hermano pequeño robusto puede alterar las dinámicas de poder.

Diferencia de edades: Cuando más cercana sea la fecha de nacimiento, más competición entre hermanos. Algunos expertos creen que cuando los hermanos se llevan más de cinco años entre ellos es como comenzar una familia de nuevo.