Todos tenemos secretos. Tú los tienes, y yo también. Guardamos, como media, 13. Cinco de ellos nunca los hemos revelado a nadie, según un nuevo estudio que muestra que nos pesan, literalmente, como piedras, y que no son los secretos en sí mismos lo que nos atormenta, sino la energía mental que perdemos pensando en ellos.

Estos datos proceden de un nuevo estudio que muestra que los secretos más comunes, y aquellos que la gente nunca compartió con nadie, tienen que ver con pensamientos o comportamientos románticos o sexuales con alguien que no es tu pareja. Esto ya lo intuíamos, claro. Pero este estudio confirma esta y otras intrigantes observaciones sobre este opaco mundo.

Los secretos nos pesan como piedras

Cobra más sentido el dicho popular de “me pesa como una piedra”. De hecho, la gente preocupada por un secreto tiene más dificultades para realizar actividades físicas y la sensación de que la colina es más empinada y la distancia entre lugares más lejana (dos aspectos que se midieron en este estudio). “Encontramos que cuando la gente está pensando en sus secretos, actúa como si estuvieran cargando un peso físico,” señala Michael Slepian, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia y director del estudio.

Los secretos nos persiguen

La teoría de la supresión de los pensamientos, que dice que la mente se siente especialmente atraída, cual abeja a la miel, precisamente hacia aquello en lo que trata de no pensar, se confirma en este caso. El hecho de que tratemos de no pensar en un secreto lo otorga más poder.

Los secretos nos hacen sentir mal

Eso ya se había investigado con anterioridad. Pero antes se creía que la razón es que muchos de nuestros secretos son negativos, y pensar en cosas negativas es deprimente. Esto seguramente es cierto, pero el nuevo estudio va más allá y apunta razones más específicas: pensar en los secretos equivale a darle vueltas a aspectos en los que no estamos siendo sinceros en nuestras relaciones, y esto hace que la gente se sienta menos auténtica. Lo que, a su vez, nos hace sentir mal. Y, por cierto, no es el hecho de mantener un secreto lo que nos deprime. Es pensar en ellos lo que reduce nuestro bienestar.

Los secretos, ¿son iguales para todos? 

No. Esto quiere decir que no hay categorías morales que nos afecten a todos por igual. Lo que para unos es un tormento (pongamos un acto de infidelidad), para otros es una distracción menor. Lo dañino sobre un secreto no es tanto el contenido como la necesidad de volver una y otra vez a revisitarlo.

Benditos aquellos con más secretos de los que pueden recordar

Para el resto, la recomendación de Slepian es compartirlos con otras personas: la mejor forma de quitarnos ese peso de encima.