Llegar a final de mes es, para muchos, un desafío. Entre gastos fijos, variables y acumulación de imprevistos, prever todo lo que gastaremos a lo largo de los siguientes 30 días puede convertirse en un auténtico dolor de cabeza. Para eso está el Kakebo. A diferencia de otros manuales de control financiero aburridos y tediosos, este libro de cuentas importado de Japón es fácil y hasta divertido. Es como el cuento de Los tres cochinitos aplicado a la vida real: el lobo, que representa el gasto, mantiene una lucha contra el cerdo del ahorro.

El método es sencillo y su secreto está en la constancia: en un formato parecido al de una agenda, la persona tiene que ir apuntando sus gastos diarios en las categorías determinadas (alimentación, ocio, vicios o transporte, por ejemplo). Cuando se termina el mes se suman los resultados semanales y se hace el balance cuantitativo (cuánto gastaste) y cualitativo (en qué gastaste, qué objetivos te habías planteado y qué podrías modificar). De esa manera, el usuario puede fijarse en qué cosas gasta más e intentar modificar sus hábitos de consumo. El objetivo no es convertirse en una persona muy frugal, sino más responsable.

Para los japoneses, el Kakebo, que nació en 1904, es más que una agenda; es una manera de combatir el estrés que causa el mal manejo del dinero. Además, el mantener un diario ayuda a desarrollar disciplina y autoconocimiento. Una de las claves es fijar objetivos de ahorro claros, porque con una meta concreta  -que puede ser desde un viaje a Tailandia hasta estudiar un máster- es más fácil conseguir lo que se quiere.

La clave para sacarle el máximo partido al método es, además de la constancia, llevar al día las cuentas. Lo ideal es guardar todos los comprobantes de gastos y apuntar o pegar los recibos antes de ir a dormir o por la mañana.

¿Ahorro o me lo gasto? ¿Necesito lo que voy a comprar? El Kakebo ayuda a frenar y reflexionar ante las compras impulsivas.

Javier Rivero-Díaz, autor de GimnasiaFinanciera.com, cree que este método tiene aspectos muy positivos pero le falta el componente emocional. Sin él, señala, tratar de mejorar la economía “es como conducir un vehículo sin ponerle ruedas”.

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Rivero-Díaz vivía en Los Ángeles cuando se encontró con los bolsillos vacíos y deudas de miles de dólares en tarjetas de crédito y préstamos, en una situación que le llevó incluso a pasar algunas noches en su coche. “Recuerdo estar sentado frente a la pantalla con la cara blanca, viendo cómo había desaparecido hasta el ultimo céntimo. Durante meses me había matriculado en programas de formación de muy alto nivel. Poco a poco se fueron acumulando decenas de miles de dólares en inscripciones. Los programas eran buenos, pero el problema había sido haber invertido sin control ni planificación”.

La experiencia le sirvió para reflexionar y diseñar su método -en el que el componente emocional va de la mano de lo puramente técnico-, con el que su vida dio un vuelco. Se trata de seguir hábitos como estos:

 1. Claridad en los gastos e ingresos. Para mejorar algo -y esto se puede expandir a otros ámbitos de la vida, desde comenzar a hacer ejercicio hasta aprender un idioma- lo primero es tener claridad sobre la situación. “Es imprescindible tener más ingresos que gastos. Algo que parece muy evidente pero que ha llevado a muchas familias a la ruina”, apunta. Rivero-Díaz es partidario, además, de reducir el número de tarjetas de crédito a dos, como máximo, en aras de conseguir esta máxima claridad.

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2. Cerrar asuntos pendientes. “Empieza a dar carpetazo a temas pendientes que te estén restando energía”, señala. “Si quieres que te llegue algo nuevo, es importante que algo viejo salga antes”. Este experto también cree que el agradecimiento tiene un papel fundamental ya que, como le gusta decir, “nunca conocí a nadie agradecido que estuviera amargado, ni a alguien amargado que estuviera agradecido”.

3. Devuelve lo que no es tuyo. “Da la cara. Discúlpate, pide perdón y aclara el asunto, aunque solo debas una cantidad pequeña. Tener personas enfadadas contigo afecta a tus emociones y a tu bolsillo. El siguiente paso es recuperar lo que te deben: pedir”.

4. Sé legal. Rivero-Díaz es muy claro en este punto porque está convencido de que, a la larga, es lo que funciona. Mentir, robar, aprovecharse de algo, traicionar o ser desleal afectan negativamente a la economía de la gente, opina Rivero. “El miedo a que te vayan a descubrir o a poner una multa te impide avanzar”. Por otro lado, “si te gusta que te paguen por tu trabajo, paga el de los demás. La gente suele pagar tarde, mal o nunca. Paga rápidamente y creará un prestigio y reputación en ti que te abrirá puertas y facilitará muchas cosas”.

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5. Ley del equilibro: Lo que ganas por un lado …. lo pierdes por otro. “Si te aprovechas de alguien, si robas algo (como las descargas de contenidos que tienen un precio) lo acababas pagando por otro lado, normalmente a un precio mayor”.

6. Actitud constructiva. “Con tus protestas, lleva propuestas”.