La tecnología no es necesaria en la etapa infantil. Unsplash.

Mi hija de 11 años vuelve de un campamento infantil en el que ha pasado una semana. El último día de campamento, da mi número de teléfono a sus nuevos amigos para que la incluyan en los grupos de mensajería que acaban de formar para mantener el contacto. Un par de día después, enciendo mi celular y me encuentro una sorpresa: cerca de 700 mensajes de los tres grupos en los que mi hija se ha dado de alta. Casi me da un soponcio. Otras mamás me consuelan: “Eso no es nada”, aseguran, pero ya no sé si hablan de mensajes o de estrellas en el firmamento. Así que, sofocada y mareada, consulto con Alicia Banderas, una psicóloga experta en estas lides que acaba de publicar un libro sobre la materia, Niños sobreestimulados.

Lo primero: no es recomendable que los niños menores de 13 o 14 años tengan un Smartphone. De acuerdo, prueba superada (como he dicho, mi hija no tiene su propio celular, se limita a atiborrar de notificaciones el mío). Y ahora, ¿cómo evitar que nada más llegar a casa se lance a contestar las docenas de mensajes que recibe cada día? Banderas cree que a los niños les pasa lo mismo que a los mayores: les sobrecoge el miedo a no perderse nada (o FOMO, el acrónimo en inglés de Fear of Missing Out ). “El miedo a perderse algo es irreal. La pertenencia no se traduce en tener muchas amistades en redes sociales, ni en leer todos los mensajes que te llegan al celular. Lo que te pierdes si no formas parte de esos grupos es información. Pero la información no es empatía, ni ayuda o sostén, que es lo que genera la amistad real”, sostiene Banderas. Y agrega: “El concepto de amistad está muy desvirtuado: una cosa son los seguidores y otra muy diferente los amigos. Esto potencia una autoestima frágil”. Banderas alerta de que el sobreuso de Smartphones, tabletas y ordenadores entre niños y adolescentes los predispone a “desarrollar personalidades tremendamente narcisistas y con poca autoestima”.

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Lo que esta experta recomienda es -oh, cielos- retirar el teléfono. “Luego van comprobando que viven más tranquilos. Es un buen ejercicio salirse de ahí, ver que tampoco pasa nada”. Como siempre, el mejor predicador es Don Ejemplo. Los niños aprenden lo que ven. Y aquí ya la cosa se pone más difícil, porque una cosa es observar el comportamiento de tu hija y otra muy distinta modificar el tuyo propio. Lo mínimo que has de hacer cuando hablas con tus hijos, recomiendan los expertos, es dejar el móvil de lado y escuchar de forma activa.

¿Cómo saber si tu hijo tiene un problema relacionado con el consumo excesivo de tecnología? Banderas, con consulta clínica especializada en niños, indica que muy raramente acuden de forma explícita por ese problema. Pero algunos síntomas que hablan de ese consumo excesivo son merma en el rendimiento escolar; altibajos emocionales; irascibilidad; inquietud y ansiedad y tendencia a acostarse cada vez más tarde. De todos modos, recuerda que la tecnología no es causa-efecto de nada, y que ciertos perfiles son más vulnerables que otros.

¿Mejoran o dificultan el aprendizaje los dispositivos electrónicos y la tecnología en general? Banderas tiene una opinión muy clara en este sentido: en la etapa infantil (de 3 a 6 años) la tecnología es innecesaria. “A esas edades, los niños aprenden a través de las sensaciones. Cuando deslizan el dedo índice por la pantalla no se produce ningún aprendizaje”. Y añade: tu hijo va a ser más inteligente cuanto más juego libre tenga, cuanto más explore por si mismo.

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Más no es mejor o, dicho de otro modo, por más que tires de las hojas no crece más rápido el árbol. Esa obsesión con apuntar a la niña al ballet, a chino y piano en muchos casos es contraproducente. “Aniquilas el saber lo que les gusta, no permites la autorrealización”. Frente al exceso de actividades programadas, “la apuesta ha de ser por juego libre y aburrimiento”. Un momento, ¿hemos dicho aburrimiento? “Cuando estás frente a una pantalla, con gran estímulo visual, terminas por perder el interés ante las cosas naturales, mucho más sutiles. Para seguir teniendo interés necesitas cada vez más y más dosis de estimulación”. El aburrimiento, sostiene Banderas, es algo que tiene que suceder: “Generas estrategias para salir de él, e imaginación. La creatividad surge porque eres capaz de generar soluciones alternativas a un problema”.