José Alberto Gutiérrez, en el centro. Foto de la página en Facebook de La fuerza de las palabras.

José Alberto Gutiérrez es un conductor de un camión de la basura en Bogotá (Colombia) que lleva casi 20 años recogiendo libros de las calles. Almacenó tantos que montó una biblioteca en su casa, y creó una fundación. Gracias a sus esfuerzos, el humilde barrio de La Nueva Gloria, donde vive, ya no es el mismo.

Todo comenzó un día de 1997. Cuando hacia su recorrido habitual recogiendo desperdicios, vio que alguien había dejado en el suelo un ejemplar viejo de Anna Karenina, la novela de 700 páginas de León Tolstói. Se lo llevó a su casa. Y, a partir de ahí, se le ocurrió recoger todos los libros que encontrara a su paso. Sus colegas barrenderos le gritaban “José, libros” y se los colocaban al lado.

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Hoy, con 55 años, El señor de los libros, como le apoda la prensa local, continúa obsesionado con su misión de rescatar libros de la basura, y organiza talleres y cursos al frente de su fundación La fuerza de las palabras mientras continúa conduciendo un camión de la basura. Ya acumula más de 20.000 ejemplares en el primer piso de su propia casa, donde improvisó la biblioteca comunitaria que hace las veces de centro social.

Gutiérrez cree que la auténtica manera de reciclar un libro es leyéndolo de nuevo, y que poner un libro en manos de un niño sin recursos tiene un gran impacto contra un destino que parece estar ya escrito. “Este vecindario solía ser tan pobre”, señala Gutiérrez . “Crecí aquí y puedo decir que he hecho un doctorado en marginalización y pobreza. Los niños aquí no tienen un lugar donde estudiar; tienen que comenzar a trabajar temprano”.

Su amor por la lectura comenzó desde muy temprano gracias a su madre. “Ella me leía todas las noches. Tuve una niñez muy humilde, no tenía grandes cosas. Pero a mi madrecita le agradezco todos los días porque este fue el regalo más grande que me hizo”, señala.

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Un regalo que ha tenido consecuencias inesperadas, como que le invitasen a compartir su historia en eventos en Colombia y en el extranjero, incluida la prestigiosa Feria del Libro Internacional de Guadalajara, en México, la mayor de este tipo en Latinoamérica. Todo esto le llevó a retomar los estudios de secundaria a los 50 años, y le empujó a escribir un libro sobre sus experiencias. Solo que en lugar de tomar el formato convencional de autobiografía, quiere estructurarlo en torno a los 60 libros que impulsaron su metamorfosis personal. Su favorita: Father Sergius, de Leo Tolstoy, la historia de un príncipe ruso que se hace monje, apropiada para alguien que experimenta una transformación interior con cada libro. “Una obra no solo nos da sabiduría, sino que también nos blinda para enfrentarnos a la vida”, dice.

Al principio, recuerda, la gente se mofaba de él cuando les hablaba de su proyecto. Pero ahora, 20 años después, están alucinados. Y la historia todavía no ha concluido. Su sueño es cambiar su camión de la basura por otro lleno de libros y viajar por el país. Seguro que lo consigue.

Un pueblo de 33 habitantes y una biblioteca de 16.000 libros

En un pequeño pueblo cerca de Burgos (España) llamado llamado Quintalara hay 33 vecinos censados -aunque sólo nueve habitan sus casas durante todo el año-, cuatro calles y una biblioteca con 16.000 libros.

La pequeñísima localidad burgalesa se hizo famosa cuando anunció que había conseguido alcanzar el reto que se propuso para dar alas al turismo cultural: construir una gran biblioteca abierta las 24 horas los 365 días del año. Calculaban que en las estanterías del local municipal acondicionado para Entrelibros, como se llama esta iniciativa, cabrían unos 10.000 volúmenes. Lo que no esperaban era recibir 6.000 más.