Existe una forma sencilla de terminar con los pensamientos negativos en unos pocos minutos.

Quizás cuando comienza ni te das cuenta. Un pequeño contratiempo, cuando la situación de base es tensa, puede desencadenar un episodio de ansiedad, un ataque de pensamientos negativos que se agolpan y acompañan de palpitaciones, sudores, falta de aire. Quizás no llegue a tanto y solo sientas una terrible frustración, ganas de estar en otro lugar, ganas de huir.

El estrés, una respuesta natural de nuestro cuerpo a situaciones de peligro, nos mantiene con altísimos niveles de cortisol cuando no somos capaces de gestionarlo correctamente. Es un mecanismo primigenio. Los animales debemos salir corriendo en cuanto detectamos un depredador o cualquier otro peligro. El cortisol es necesario para preparar nuestro cuerpo para la huida.

Esta reacción de nuestro cerebro primario, esta cascada de cortisol para pelear por la vida o salir corriendo, tiene también sentido en nuestros entornos urbanos: cierto estrés nos permite mantenernos alertas, sobreponernos al cansancio y hasta mejorar la memoria a corto plazo. El problema es cuando ese estrés se vuelve crónico o no se sabe controlar. Y de ahí a la ansiedad, a la preocupación extrema por asuntos cotidianos de la vida, hay solo unos pasos; lo saben bien el 12% de estadounidenses que la padecen.

Este truco es muy útil para calmar la mente, enfocar en otro lado y lograr que los pensamientos negativos paren. Es importante respirar profundamente, de forma consciente, sintiendo el aire entrar y salir, para controlar también los efectos físicos de la ansiedad.

5-4-3-2-1

5- Mira la habitación y nombra 5 cosas que veas. Han de ser 5 cosas que de verdad estés mirando, que reposes en ellas, que las pienses con calma. Por ejemplo la lámpara, la ventana, una mota de polvo en el suelo, una taza, la alfombra...

4- Ahora piensa en 4 cosas que sientes, que puedas notar con tu cuerpo. La silla sobre la que te sientas, el suelo que pisas, el cinturón del pantalón, un anillo…

3- Ahora fíjate en 3 cosas que puedas oír. Una música lejana, los latidos de tu corazón, la sirena de un vehículo en la calle o hasta el ruido del aire acondicionado.

2- Ahora debes encontrar dos cosas que puedas oler. Esto puede ser más complicado si estás en un entorno aséptico. Huele tu muñeca y su perfume, destapa un bolígrafo y huele la tinta o fíjate en el olor que desprende tu cartera o tu ropa...

1- Por último detecta algo que puedas saborear. Piensa en el sabor de tu boca, de tu saliva. ¿Sabe metálico, sabe a café, sabe a pasta de dientes?

Con esta técnica ayudas a tu mente a situarse en el presente, a conectar con tu cuerpo y con su entorno y a impedir que la mente vague sola por caminos oscuros que no vale la pena visitar muy a menudo.