La obesidad está más extendida de lo que se creía, y nuestros hijos no quedan al margen: el 50 por ciento de los niños de Estados Unidos es un “obeso oculto”, es decir, con un porcentaje de grasa que puede suponer un problema para su salud, según advertía un rompedor estudio publicado hace unos días. Antes de llevarnos las manos a la cabeza, sigamos algunos de estos sencillos consejos para prevenir la obesidad de los pequeños.

Comencemos por lo más obvio: todo pasa por convertirnos en su ejemplo. Los niños aprenden lo que ven y lo que viven, no lo que decimos (pero no cumplimos: eso de “haz lo que digo pero no lo que hago”). Así que estas recomendaciones son para todos los miembros de la familia.

1. Retirar los refrescos. Sí, también los light

Los refrescos son una bomba calórica con una altísima candidad de azúcar que, nutricionalmente no aportan nada. Seguramente ya lo sabías. Pero quizá desconozcas que los refrescos sin azúcar también engordan. En teoría, estas bebidas deberían ayudarnos a adelgazar si reemplazan a otras con alto contenido en calorías. Pero este no es el caso, entre otras cosas porque los edulcorantes artificiales no proporcionan la “recompensa” que busca el cuerpo; no de la misma manera que lo hacen los naturales. Dicho de otra forma, cuando tomamos bebidas light, nuestro cuerpo cree que va a tomar algo dulce, pero no recibe las calorías asociadas con este dulzor. Esta desconexión llevará a buscar otro alimento para satisfacer el ansia calórica que acabamos de crear tomando la bebida.

Advertisement

Si buscas alternativas menos aburridas que el agua, prueba una limonada casera, o el agua con gas. A muchos niños les encanta.

2. Fruta, fruta, fruta (no zumo de fruta)

La fruta siempre entera o cortada en piezas, pero nunca en zumos. El zumo de fruta es puro azúcar que sin la fibra de la pulpa pasará directamente al torrente sanguíneo activando los mecanismos que conducen a la obesidad. El gran malentendido es creer que los zumos de fruta equivalen a la fruta.

Advertisement

Ni siquiera está claro que los zumos de frutas naturales sean una opción óptima para consumirlos a diario. La OMS recomienda la fruta como un elemento fundamental de nuestra dieta, pero la recomendación se refiere a las piezas enteras y alternadas con las comidas principales. Por el contrario, su sustitución por zumos -incluso los naturales- es poco recomendable porque aportan una enorme cantidad de azúcares. La Academia Americana de Pediatría recomienda evitar en los desayunos y meriendas infantiles los zumos y volver a la pieza de fruta. De acuerdo con esta institución, se está produciendo en los países desarrollados una peligrosa deriva hacía el consumo de zumos entre niños y adolescentes en detrimento de la pieza entera, un alimento mucho más equilibrado.

3. Un dónut al año quizá no haga tanto daño

Si tu hijo se muere por un dónut -lo comprendemos- dáselo muy, muy de vez en cuando. La bollería industrial elaborada con grasas y aceites de baja calidad nutricional es un desastre para la salud y la dieta. Y, sin embargo, con productos especialmente diseñados para caer en la tentación, resulta tremendamente difícil decir no.

3,5 onzas de golosinas contienen casi 2 onzas de azúcar, igual a 14 terrones

4. Explicarles la cantidad de azúcar que tienen algunos alimentos

Como decíamos en el punto anterior, prohibir esas tentaciones así por las buenas puede resultar muy complicado. Pero si el niño tiene una edad suficiente quizá pueda comprender por sí mismo que la cantidad de azúcar que tienen algunos alimentos es estratosférica. Hay imágenes, como las de la web sin azúcar, que hablan por sí mismas.

5. Hacer ejercicio con ellos

De nuevo, el ejemplo es lo que más vale. El ejercicio es fundamental: algunos estudios establecen que los niños necesitan un mínimo de 60 minutos de actividad física diaria. Pero, además, este puede ser un buen aliciente para pasar un buen rato en familia montando en bici, patinando, jugando al fútbol o paseando por la montaña (suele funcionar cuando a los hijos les acompañan amigos de edad similar).

6. Comidas en familia sí, pero no frente al televisor

Para niños y mayores a dieta, es importante evitar las distracciones cuando se come, sobre todo el televisor. Los niños distraídos comerán con más facilidad, pero desactivarán los mecanismos de saciedad y activarán los del placer, asociando el entretenimiento audiovisual con la comida. Por otra parte, algunos estudios han demostrado la eficiencia de las comidas en familia a la hora de adquirir una disciplina alimentaria.

7. Niños cocineros

Hay estudios que muestran que aprender a cocinar, aunque sea platos muy sencillos, podría repercutir de forma positiva para concienciarnos de lo que es saludable. También podemos implicar a los niños en la compra de alimentos, y que aprendan, por ejemplo, que un filete no crece en un árbol.

8. Menos platos precocinados y combinados y más ensaladas

Los platos precocinados para el microondas pueden sacarnos de un apuro en una emergencia, pero desde luego son una pésima elección para nosotros y nuestros hijos. Por otra parte, los platos combinados tampoco son una buena idea, ya que pueden escoger comer primero aquello que más les atrae -normalmente, las patatas fritas- y dejar de lado lo menos interesante (las verduras).

9. Evita los yogures de sabores

La típica ración de 6 onzas de yogur de plátano o fresa triplica la cantidad de azúcar del yogur sin sabor. Una alternativa mucho más saludable es añadir al yogur plano una cucharada de mermelada y pedazos de frutas favoritas o nueces. De esta forma se reduce la cantidad de azúcar pero se incrementa la fibra y los nutrientes.